Dr. Armando José Urdaneta Montiel
La desnutrición infantil suele abordarse como un problema sanitario y humanitario asociado con las dificultades de los hogares para acceder a una alimentación suficiente y de calidad. Sin embargo, desde una perspectiva económica, esta interpretación resulta incompleta. Un niño afectado por desnutrición puede experimentar deterioros en su desarrollo físico y cognitivo que posteriormente se reflejen en su desempeño educativo, acumulación de capital humano y productividad durante la vida adulta. En consecuencia, la desnutrición infantil no solo representa una privación presente, sino también un potencial condicionante del crecimiento económico futuro.
Esta cuestión adquiere especial relevancia en Venezuela. Nieto-Martínez et al. (2025), utilizando información de seguimiento de 1.257 participantes del Estudio Venezolano de Salud Cardiometabólica (EVESCAM), identificaron importantes manifestaciones de vulnerabilidad relacionadas con inseguridad alimentaria, interrupción de servicios públicos, dificultades de acceso a medicamentos, transporte y perturbaciones de la educación infantil. Los autores encontraron, además, que los grupos de menor nivel socioeconómico estaban particularmente expuestos a varias de estas dimensiones de vulnerabilidad.
La persistencia del problema nutricional también ha llevado a estudiar directamente la atención de la desnutrición aguda en el país. UNICEF (2025) desarrolló una investigación de cohorte, multicéntrica y prospectiva para evaluar el tratamiento de la desnutrición aguda moderada y severa sin complicaciones en Venezuela. El estudio comprendió 15 centros ambulatorios de atención nutricional localizados en Distrito Capital y los estados Miranda, La Guaira y Bolívar. Esta investigación confirma la necesidad de generar evidencia específicamente venezolana para diseñar intervenciones adaptadas a las características del país.
El problema adquiere una dimensión económica todavía mayor cuando se considera su mecanismo de transmisión intertemporal. La hipótesis puede expresarse mediante la siguiente secuencia: desnutrición infantil → menor rendimiento académico → mayor riesgo de deserción escolar → menos años de escolaridad → menor capital humano → menor productividad laboral → menor crecimiento económico de largo plazo. A este mecanismo puede agregarse un canal social asociado con los efectos de la exclusión educativa y laboral.
El primer eslabón comienza durante la infancia. Una nutrición inadecuada en etapas críticas puede comprometer capacidades físicas y cognitivas que posteriormente son necesarias para el aprendizaje. En este sentido, la evidencia internacional longitudinal muestra que mejorar la nutrición durante los primeros años puede producir efectos educativos persistentes. Maluccio et al. (2009), utilizando información longitudinal de Guatemala, encontraron que una intervención nutricional temprana produjo efectos observables aproximadamente un cuarto de siglo después: entre las mujeres, la exposición a una mejor suplementación nutricional estuvo asociada con 1,2 grados adicionales de escolaridad, además de mejoras en comprensión lectora y capacidad cognitiva tanto en hombres como en mujeres.
Estos resultados permiten comprender por qué la desnutrición puede convertirse en una restricción para la acumulación de capital humano. Si las deficiencias nutricionales deterioran las capacidades de aprendizaje y estas, a su vez, dificultan la trayectoria educativa, el problema inicial puede transmitirse hacia menores niveles de escolaridad. No se trata de afirmar que todo niño desnutrido tendrá bajo rendimiento o abandonará la escuela. La pobreza, la calidad educativa, las características familiares y las condiciones institucionales también intervienen. El argumento consiste en reconocer que la nutrición constituye uno de los factores capaces de modificar las oportunidades posteriores de acumulación de capacidades.
La conexión entre nutrición y economía se vuelve aún más evidente cuando se examinan los resultados laborales en la adultez. Hoddinott et al. (2008) estudiaron 1.424 adultos que habían participado durante su infancia en una intervención nutricional desarrollada en Guatemala. Entre los hombres expuestos a una suplementación nutricional de mayor calidad entre los cero y dos años, los salarios por hora fueron aproximadamente 46 % superiores. Los autores interpretaron estos resultados como evidencia de que las inversiones nutricionales durante la primera infancia pueden producir importantes beneficios económicos de largo plazo.
Por tanto, el mecanismo no necesariamente opera únicamente a través de la educación. La desnutrición infantil también podría afectar directamente la productividad futura mediante sus consecuencias sobre el desarrollo físico, cognitivo y las capacidades laborales. Esto permite plantear dos canales simultáneos: uno educativo, mediante rendimiento, escolaridad y capital humano, y otro productivo, mediante los efectos de las condiciones nutricionales tempranas sobre las capacidades del trabajador adulto.
Existe además un posible canal social. Una mayor deserción escolar y una menor acumulación educativa pueden restringir las oportunidades laborales y reducir el costo de oportunidad de determinadas conductas de riesgo. Sin embargo, sería incorrecto establecer una relación determinista entre abandono escolar y delincuencia. Esta última responde a múltiples factores económicos, familiares, sociales e institucionales. En consecuencia, dentro del mecanismo propuesto resulta más apropiado hablar de una probabilidad de involucramiento delictivo condicionada por factores socioeconómicos, y no de delincuencia como consecuencia inevitable de la deserción.
Desde esta perspectiva, Venezuela enfrenta una potencial acumulación de costos intertemporales. El costo económico de la desnutrición infantil no debería calcularse exclusivamente mediante los recursos necesarios para atender al niño actualmente afectado. También deberían considerarse los aprendizajes potencialmente perdidos, la menor escolaridad, las capacidades laborales que podrían dejar de desarrollarse, los ingresos futuros no generados y las pérdidas de productividad agregada.
Esta interpretación modifica también el significado de la política nutricional. Los recursos destinados a prevenir la desnutrición durante los primeros años no deberían concebirse exclusivamente como gasto social, sino también como inversión en capital humano. La evidencia longitudinal disponible demuestra que los beneficios de una intervención nutricional pueden continuar manifestándose décadas después mediante mejores resultados educativos y laborales (Hoddinott et al., 2008; Maluccio et al., 2009).
Venezuela dispone de importantes recursos naturales, pero la capacidad de una economía para crecer sostenidamente depende también de la calidad del capital humano que logra acumular. La inseguridad alimentaria, las dificultades educativas y las restricciones de acceso a servicios esenciales documentadas en el país constituyen, por tanto, un problema que trasciende la coyuntura (Nieto-Martínez et al., 2025). Prevenir la desnutrición infantil significa proteger simultáneamente salud, educación y capacidad productiva. Por ello, la pregunta económica fundamental no es solamente ¿cuánto cuesta combatir hoy la desnutrición infantil en Venezuela?, sino ¿cuánto capital humano, productividad y crecimiento económico podría perder el país mañana si no lo hace oportunamente?.
¿Cuánto futuro económico está perdiendo Venezuela por la desnutrición infantil?
Un niño que hoy no recibe una alimentación adecuada puede convertirse mañana en un adulto con menores oportunidades educativas, laborales y económicas. La desnutrición no es solamente una tragedia social: es una amenaza para el capital humano, la productividad y el crecimiento de toda una nación.
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Referencias
Hoddinott, J., Maluccio, J. A., Behrman, J. R., Flores, R., & Martorell, R. (2008). Effect of a nutrition intervention during early childhood on economic productivity in Guatemalan adults. The Lancet, 371(9610), 411–416. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(08)60205-6 ScienceDirect
Maluccio, J. A., Hoddinott, J., Behrman, J. R., Martorell, R., Quisumbing, A. R., & Stein, A. D. (2009). The impact of improving nutrition during early childhood on education among Guatemalan adults. The Economic Journal, 119(537), 734–763. https://doi.org/10.1111/j.1468-0297.2009.02220.x Wiley Online Library
Nieto-Martínez, R., Babagoli, M. A., Gonzalez-Rivas, J. P., Ugel, E., Duran, M., Marulanda, M. I., Mechanick, J. I., & Danaei, G. (2025). Characterizing the Venezuelan situation between 2014–2020 in a population-based study using seven key indicators. BMC Public Health, 25, Article 2133. https://doi.org/10.1186/s12889-025-23125-0 Springer Nature Link
UNICEF. (2025). Evaluación del tratamiento de la desnutrición aguda moderada y severa, sin complicaciones: Informe final del proyecto de investigación. UNICEF Venezuela. Informe oficial de UNICEF Venezuela UNICEF


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