En los últimos años ha crecido la preocupación acerca del adoctrinamiento con ideologías de ultraizquierda y corrientes “woke” dentro de aulas secundarias y universitarias. Cuando la escuela o la universidad dejan de ser espacios para la exposición plural de ideas y se convierten en vehículos de propaganda, la democracia, la libertad individual y el mérito sufren daños profundos.
A continuación, reviso los perjuicios, las falacias que circulan en redes sociales, los efectos sobre la meritocracia y cómo movimientos violentos como ANTIFA, junto con ejemplos extremos ocurridos en Europa, muestran hasta dónde puede llegar la intolerancia cuando se legitima la radicalización ideológica.
Riesgos del adoctrinamiento ideológico
Reducción del pensamiento crítico
El objetivo esencial de la educación es desarrollar criterio propio. Sin embargo, cuando una asignatura se orienta a una única visión del mundo (marxismo cultural, teorías identitarias o poscoloniales) y desestima otras perspectivas, el aula se transforma en cámara de eco. El estudiante deja de cuestionar y aprende a repetir.
Polarización social
Dividir el mundo en “opresores vs. oprimidos” o “privilegiados vs. víctimas” es una estrategia didáctica común en el discurso extremista. Esa simplificación puede ser efectiva como propaganda, pero polariza a la sociedad y extiende resentimientos que luego se reflejan en protestas radicales o enfrentamientos en redes sociales.
Cultura de cancelación
La hegemonía ideológica crea un ambiente hostil: profesores y estudiantes que discrepan pueden ser marginados, señalados o “cancelados”. El miedo a expresar opiniones reduce el debate abierto y normaliza la autocensura.
Devaluación del mérito académico
El mérito académico deja de medirse en rigor y calidad y pasa a depender de la adhesión a la ortodoxia. Así, la meritocracia se derrumba: no triunfa el más capaz, sino quien mejor repite el discurso dominante.
La meritocracia debilitada por la masificación ideológica
La meritocracia ideal supone igualdad de oportunidades, pero cuando la masificación educativa impone criterios ideológicos obligatorios, competir ya no es demostrar talento o esfuerzo, sino mostrar conformidad.
Filósofos como Michael Sandel han criticado que la meritocracia se ha convertido en una justificación del privilegio. Si a eso añadimos un sesgo ideológico obligatorio, el sistema deja de seleccionar a los más preparados y comienza a premiar la militancia. Es un “mérito político” disfrazado de mérito académico.
En redes sociales, esto se evidencia en campañas donde lo importante no es la calidad del argumento, sino la “pureza ideológica” del emisor: profesores que acumulan seguidores no por su investigación, sino por repetir consignas de moda, o estudiantes que son reconocidos no por logros académicos, sino por activismo agresivo.
Movimientos violentos: el caso de ANTIFA
Una muestra de las consecuencias prácticas del adoctrinamiento es el apoyo tácito de sectores universitarios a grupos radicales como ANTIFA. Nacido como un movimiento autodenominado “antifascista”, en la práctica ha protagonizado episodios de violencia, destrucción de propiedad pública y privada, y ataques a opositores ideológicos en Europa y Estados Unidos.
Lo preocupante es que en varios campus universitarios se minimizan estas acciones, justificándolas bajo la narrativa de “resistencia contra la opresión”. Esto crea un precedente grave: se tolera la violencia política siempre que provenga de la izquierda radical.
Las protestas que terminan en incendios de comercios, destrucción de monumentos o ataques a la policía se maquillan como “manifestaciones legítimas”. De esa manera, la convivencia social se erosiona: la violencia deja de ser condenada y pasa a ser celebrada en nombre de una supuesta justicia social.
Europa: cuando la intolerancia llega al asesinato
El fenómeno no se limita a cancelaciones o a protestas violentas. En Europa se han registrado casos trágicos de profesores asesinados por expresar opiniones consideradas “ofensivas” por grupos radicales.
El ejemplo más emblemático es el de Samuel Paty, profesor francés decapitado en 2020 por mostrar caricaturas de Mahoma en una clase sobre libertad de expresión. Este crimen, cometido por un extremista islamista, fue precedido por campañas de linchamiento en redes sociales, muchas de ellas alentadas por sectores ideologizados que confundieron la crítica académica con un ataque cultural.
En paralelo, profesores en Alemania, España y el Reino Unido han denunciado amenazas y hostigamiento por cuestionar dogmas relacionados con ideologías de género, migración o la llamada cultura woke. Algunos incluso han debido abandonar la docencia o acogerse a protección policial.
Estos hechos confirman que la universidad, cuando no protege la libertad académica, puede convertirse en terreno fértil para la censura violenta. No es exagerado afirmar que del adoctrinamiento al fanatismo hay un paso corto, y del fanatismo a la violencia, otro más corto aún.
Falacias más usadas en redes sociales
| Falacia | Ejemplo en debates online |
|---|---|
| Hombre de paja | “Criticas ANTIFA porque apoyas al fascismo.” |
| Apelación a la emoción | “Si no apoyas nuestra protesta radical, eres insensible al sufrimiento de las minorías.” |
| Silencio selectivo | Bloquear o eliminar toda crítica, etiquetándola como “odio” o “discurso violento”. |
| Carga de la prueba invertida | Se exige demostrar inocencia de prejuicios, en vez de probar las acusaciones. |
| Generalización apresurada | “Todos los conservadores son opresores”, “todo cuestionamiento es racismo”. |
Cómo defender una educación libre y plural
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Libertad académica garantizada, sin sesgos ideológicos institucionales.
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Pluralidad curricular: lecturas y debates desde distintas corrientes de pensamiento.
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Criterios de evaluación transparentes, basados en la calidad, no en la militancia.
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Formación en lógica y falacias, para inmunizar a los estudiantes contra la manipulación.
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Rechazo institucional a la violencia política, sin excusas ideológicas.
No se trata de negar injusticias históricas o actuales, sino de rechazar que la respuesta sea imponer un dogma único y justificar la violencia política. La universidad debería ser un espacio de debate abierto, donde se enseñe a razonar y no a obedecer consignas. La sociedad necesita jóvenes preparados para dialogar y construir, no para dividir y destruir.
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