Cuando se habla de oro, muchos medios afines a la izquierda enseguida posicionan en la mente de las personas "codicia, destrucción ambiental y “corporaciones sin alma”. Lo que casi nunca se muestra es el otro lado de la moneda: países que han aprovechado responsablemente sus recursos mineros para financiar escuelas, hospitales, infraestructura y empleos bien pagados. Canadá es un ejemplo incómodo para el discurso anti-minero de la izquierda y del ambientalismo extremo: es uno de los grandes productores de oro del mundo… y al mismo tiempo uno de los países con mejor calidad de vida del planeta.
1. El oro en la economía mundial: no es una anécdota
En 2024 la producción mundial de oro rondó las 3.300 toneladas. China fue el mayor productor (alrededor de 380 t, cerca del 11–12 % del total), seguida de Rusia, Australia y luego Canadá, con unos 200 t, alrededor del 6 % de la producción global.
Es decir: el oro no es un capricho de unos pocos. Es un componente clave del sistema financiero (reservas de bancos centrales), de la joyería de alto valor y también de tecnologías médicas y electrónicas. Según la propia industria, el oro que se extrae hoy proviene de yacimientos cada vez más complejos y de menor ley, lo que requiere más inversión, mejor tecnología y estándares ambientales más estrictos. La producción apenas creció alrededor de 0,5 % en 2023, señal de que no es una “fiesta salvaje de depredación” sino un sector que enfrenta límites geológicos reales.
2. Canadá: oro, minería y calidad de vida
Canadá desarma por completo el argumento de que “minería = miseria y destrucción”. Es una potencia minera y al mismo tiempo un referente global en bienestar social.
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El sector minero (incluyendo servicios y manufacturas asociadas) aportó cerca de 117.000 millones de dólares canadienses al PIB en 2023, alrededor del 4 % de toda la economía.
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Si se amplía la mirada a minería, canteras y petróleo y gas, la participación llega a alrededor del 8 % del PIB canadiense.
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La industria minera emplea unas 694.000 personas entre empleo directo e indirecto, con salarios por encima del promedio nacional.
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En minerales críticos, los empleos crecieron más de 6 % entre 2019 y 2023, hasta cerca de 55.000 solo en esa categoría.
Esos números no describen un país devastado por la minería, sino uno que ha sabido convertir sus recursos en prosperidad, inversión y empleos de calidad. La OCDE, al analizar regiones mineras como el norte de Ontario, muestra que, bien gestionados, los proyectos mineros pueden coexistir con buenos indicadores sociales y ambientales, e incluso mejorar servicios e infraestructura en zonas remotas.
3. Lo que dicen los datos sobre oro y desarrollo
Informes del World Gold Council y otros organismos muestran que la minería moderna de oro genera:
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Empleo formal en zonas donde antes predominaba la informalidad.
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Ingresos fiscales significativos vía impuestos, regalías y exportaciones.
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Inversión en carreteras, energía eléctrica, agua potable y servicios comunitarios asociados a los proyectos.
En muchos países de ingresos medios y bajos, la presencia de una mina de oro de gran escala ha multiplicado los salarios locales, ha extendido la cobertura de servicios y ha creado oportunidades para proveedores locales (transporte, alimentos, mantenimiento, seguridad, etc.). Cuando existe un Estado mínimamente serio, esos recursos se traducen en mejor educación, salud e infraestructura.
¿Hay casos de malas prácticas? Por supuesto. La historia latinoamericana está llena de corrupción, regulaciones débiles y empresas (públicas y privadas) que han hecho las cosas mal. Pero de ahí a sostener que “toda” minería es intrínsecamente destructiva hay un abismo. El problema no es el oro en el subsuelo, sino la mala institucionalidad en la superficie.
4. El ambientalismo extremo y el inmovilismo que empobrece
En este punto entra en escena el discurso del ambientalismo extremo y de buena parte de la izquierda: “No a la minería”, “cero extracción”, “dejemos todo bajo tierra aunque la gente siga sin agua potable, sin empleo y sin futuro”.
Este relato tiene varios problemas:
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Ignora la evidencia internacional. Canadá, Australia o los países nórdicos muestran que se puede regular con firmeza, exigir estándares ambientales altos y, al mismo tiempo, aprovechar los recursos para financiar bienestar social.
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No ofrece alternativas realistas. Decir “vivamos del turismo y la agricultura orgánica” suena bonito en un cartel, pero no reemplaza el peso de las exportaciones mineras, ni la capacidad recaudatoria que tiene un sector de alto valor agregado.
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Congela la pobreza. Al bloquear sistemáticamente proyectos mineros, se impide que regiones pobres accedan a empleos formales, infraestructura y servicios. Se mantiene a la población en actividades de baja productividad… y luego se culpa al “neoliberalismo” de que no haya desarrollo.
La paradoja es clara: en nombre de “proteger a la gente”, cierto activismo termina protegiendo la desigualdad y el atraso.
5. Minería responsable: sí; pobreza eterna: no
Defender la minería no significa dar un cheque en blanco a cualquier empresa ni al Estado. Significa exigir tres cosas muy concretas:
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Reglas claras y estables, que obliguen a usar tecnologías limpias, manejar adecuadamente relaves, cuidar el agua y reparar pasivos ambientales.
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Instituciones sólidas, que fiscalicen en serio y eviten la captura política y la corrupción.
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Distribución transparente de beneficios, con parte de las regalías y tributos invertidos de verdad en las comunidades locales (infraestructura, educación técnica, salud, emprendimiento).
Cuando estas condiciones se acercan al estándar canadiense, la minería de oro se convierte en un motor de prosperidad y no en una maldición. Los datos de producción global muestran que el oro es un recurso escaso y cada vez más difícil de encontrar; renunciar voluntariamente a él por consignas ideológicas es un lujo que los países en desarrollo no se pueden permitir.
Si queremos hablar en serio de desarrollo, no podemos seguir comprando el relato simplón de que extraer es malo y prohibirlo todo es “moralmente superior”. La verdadera discusión debe ser cómo extraer mejor, no cómo impedir que nada cambie.
Si estás cansado del discurso anti-minero que condena a nuestros países al atraso, sigue Ideas Antizurdos y comparte esta entrada para abrir el debate.





