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viernes, 19 de septiembre de 2025

APP en Ecuador: la mejor herramienta contra la corrupción en obra pública.

 


En Ecuador, hablar de obra pública suele ser sinónimo de corrupción: sobreprecios, retrasos y contratos inflados. Las Alianzas Público-Privadas (APP) ofrecen una alternativa clara y transparente para invertir, construir y administrar proyectos sin que los políticos capturen los recursos. Este modelo ya funciona en la región y puede devolver a los ciudadanos la confianza perdida.

Contenido

  1. ¿Qué son y de dónde vienen?

  2. ¿Cómo funcionan y por qué reducen la corrupción?

  3. Evidencia y casos en Ecuador

  4. Lecciones de la región

  5. APP, libertad y participación ciudadana

  6. Agenda mínima para Ecuador

  7. Preguntas frecuentes (FAQ)

  8. Qué podemos hacer desde la sociedad civil

1) ¿Qué son y de dónde vienen?

Las Alianzas Público-Privadas (APP) son contratos de largo plazo donde el Estado regula y supervisa, mientras el privado financia, diseña, construye, opera y mantiene una infraestructura o servicio.
Nacen en los años 90 (Reino Unido, España, Chile) para resolver límites de inversión pública y profesionalizar la ejecución. En Ecuador existe un marco legal específico que permite desarrollar APP y atraer capital responsable.

2) ¿Cómo funcionan y por qué reducen la corrupción?

👉 Con incentivos bien alineados, desaparecen los “diezmos” y sobreprecios. El privado gana por eficiencia, no por influencias políticas.

3) Evidencia y casos en Ecuador

  • Aeropuerto de Quito: más de 10 años de operación bajo concesión con inversiones sostenidas y conectividad internacional.

  • Puerto de Posorja: terminal portuaria de última generación que elevó la competitividad exportadora.

  • Hidroeléctrica Sopladora: participación privada permitió acelerar fases críticas y mejorar la provisión energética.

4) Lecciones de la región

  • Perú – Aeropuerto Jorge Chávez: APP autofinanciada, expansión acelerada y servicios de estándar internacional.

  • Chile – Red de concesiones viales: más de 3.000 km de carreteras con mantenimiento y seguridad garantizados durante décadas.

5) APP, libertad y participación ciudadana

Las APP no “privatizan” el Estado, lo profesionalizan. El Estado conserva la propiedad y la regulación, mientras el ciudadano obtiene libertad efectiva:

  • Transparencia contractual: acceso público a contratos y KPIs.

  • Veedurías ciudadanas: participación de universidades, gremios y comunidades en el seguimiento.

  • Responsabilidad social: empleo local y capacitación en los territorios donde se ejecutan las obras.

👉 Frente al modelo estatista que concentra poder, las APP amplían la iniciativa privada y la vigilancia ciudadana.

6) Agenda mínima para Ecuador

  1. Banco de proyectos APP con análisis costo-beneficio y valor por dinero.

  2. Licitaciones 100% digitales con trazabilidad total.

  3. Contratos estandarizados con matrices de riesgo y KPIs claros.

  4. Unidad técnica independiente con data room abierto y tablero de control en línea.

  5. Auditorías externas y sociales obligatorias cada trimestre.

7) Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Las APP significan privatización?
No. El Estado sigue siendo dueño de la infraestructura y regula todo el proceso.

¿Quién paga en una APP?
Depende del contrato: puede pagar el Estado (según desempeño) o los usuarios con tarifas reguladas.

¿Qué pasa si el privado incumple?
Existen sanciones económicas, ejecución de garantías e incluso cancelación del contrato.

¿Por qué ayudan a reducir la corrupción?
Porque eliminan la discrecionalidad política, publican contratos y pagan por resultados verificables.

¿Qué gana el ciudadano?
Servicios más confiables, derecho a vigilar contratos, empleo local y obras de calidad.

8) Qué podemos hacer desde la sociedad civil

Impulsemos APP con reglas claras, contratos transparentes y control ciudadano permanente. Si queremos terminar con la corrupción en obra pública, necesitamos APP bien diseñadas que devuelvan libertad, competitividad y confianza al país.

Cada dólar que se roba la corrupción es un hospital menos, una carretera rota o una escuela abandonada. 🚨 Las APP son la mejor herramienta para cambiar esa historia. ¿Estás de acuerdo? Déjame tu comentario abajo y difundamos juntos esta verdad.

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domingo, 24 de agosto de 2025

Más allá de la dádiva: cómo superar el subdesarrollo.

 


Durante décadas, el discurso dominante sobre desarrollo ha girado en torno a la ayuda externa, los créditos blandos y compromisos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sin embargo, después de millones invertidos, ¿cuántos países han salido del círculo de la pobreza? La respuesta es decepcionante. El asistencialismo externo ha fracasado porque, lejos de empoderar, debilita las instituciones, fomenta la corrupción y perpetúa la dependencia.

Hay que asumir que el enfoque tradicional ha fracasado y que es necesario dar un giro a un trabajo coordinado que promueva: planificación pública inteligente, uso responsable de los recursos nacionales y alianzas con el sector privado (APP) para obras estratégicas. Es claro, que no se trata de cerrar la puerta a la cooperación internacional, esta es importante por la transferencia de tecnología, sino de convertirla en un complemento, no en una muleta.

Planificación pública: la columna vertebral del desarrollo

El Estado no debe limitarse a ser un distribuidor de subsidios ni un simple receptor de ayuda. Su rol es planificar a largo plazo: invertir en infraestructura, educación, digitalización y energía. Estos sectores generan externalidades positivas que atraen inversión privada y multiplican la productividad.

Ejemplos sobran: Corea del Sur no se desarrolló con dádivas, sino con planes industriales, educación técnica y tecnología. Los tigres asiáticos priorizaron la inversión en puertos, energía y formación de capital humano, sentando las bases para recibir capital privado.

¿Por qué es vital esta sinergia? Porque la inversión pública en grandes obras crea confianza y reduce el riesgo, incentivando la participación privada mediante asociaciones público-privadas (APP). Carreteras, puertos y energía limpia son llaves para abrir la puerta al crecimiento.

Por qué el asistencialismo externo ha fracasado

1. Haití: promesas que se diluyeron en la burocracia

Tras el terremoto de 2010, Haití recibió más de 13.000 millones de dólares en ayuda. ¿Resultados? La Cruz Roja recaudó 500 millones para construir viviendas permanentes y solo levantó seis casas. El resto se perdió en gastos administrativos, consultorías y contratos sin transparencia.

Proyectos millonarios como el puerto de Caracol nunca despegaron; menos del 2 % del dinero llegó a organizaciones haitianas. Mientras tanto, la ONU, en vez de ayudar, provocó un brote de cólera por negligencia sanitaria, que mató a miles. Hoy, Haití sigue siendo uno de los países más pobres del mundo.

2. Afganistán: la ayuda fantasma

En Afganistán, más del 35 % de la ayuda internacional se esfumó en corrupción, sobrecostos y proyectos sin sustento. Empresas extranjeras se beneficiaron con contratos inflados mientras las comunidades locales apenas recibieron beneficios. Cuando las tropas se retiraron, las infraestructuras quedaron inconclusas y el país, en ruinas.

3. República Democrática del Congo: corrupción en emergencias

Durante la crisis del ébola, la falta de controles abrió la puerta a sobornos, vehículos alquilados a precios inflados y contratos asignados por favores. La urgencia se convirtió en excusa para el fraude.

Lecciones claras: lo que no se debe repetir

  • Sin rendición de cuentas, la ayuda fracasa. La opacidad convierte la cooperación en un negocio para intermediarios.

  • El asistencialismo destruye instituciones. Cuando ONGs reemplazan al Estado, lo debilitan y crean dependencia.

  • Proyectos desconectados del contexto local están condenados. Planificar desde un despacho en Washington o Bruselas sin entender la realidad local lleva al desperdicio.

El camino: planificación y libertad económica

Para que los países salgan del subdesarrollo, se requieren cuatro pilares:

  1. Planificación pública estratégica, con metas claras, presupuestos realistas y seguimiento ciudadano.

  2. Participación privada en grandes obras, mediante APP que aporten eficiencia y capital.

  3. Transparencia en el uso de fondos, con auditorías públicas y rendición de cuentas.

  4. Cooperación internacional coordinada, orientada a resultados y no a mantener burocracias externas.

Así lo demuestra la experiencia de Europa del Este, que combinó planes nacionales, inversión en infraestructura y apertura a capital privado para converger con las economías avanzadas.

Conclusión

El desarrollo no vendrá de la caridad ni de las metas globales impuestas. Vendrá cuando los países usen su propio dinero para fortalecer su infraestructura, generar confianza en la inversión privada y negociar cooperación internacional desde la autonomía y la eficiencia.

El futuro exige Estados que planifiquen, empresas que inviertan y ciudadanos que exijan transparencia en una lucha implacable contra la corrupción. Porque la verdadera ayuda no es perpetuar la dependencia, sino construir capacidades para que cada nación sea dueña de su destino.

📢 ¿Crees que la dependencia externa mantiene a nuestros países en atraso? Déjanos tu opinión en los comentarios y comparte este artículo en tus redes. ¡Juntos derribemos los mitos del asistencialismo!



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sábado, 19 de julio de 2025

Poder y corrupción: una alianza peligrosa

 

Introducción

La historia política y social de la humanidad ha estado marcada, una y otra vez, por el uso y abuso del poder. Desde los imperios antiguos hasta las democracias contemporáneas, el poder ha sido una herramienta indispensable para organizar la vida en sociedad. Sin embargo, cuando no existen límites claros ni mecanismos de control, el poder se transforma en un arma que degenera en corrupción. La frase del historiador inglés Lord Acton, “El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”, sintetiza con aguda claridad esta tendencia recurrente que afecta a líderes, instituciones y gobiernos.

Este ensayo explora cómo el poder, cuando se ejerce sin contrapesos éticos e institucionales, da lugar a conductas corruptas. Se analizan los factores que alimentan la corrupción, sus consecuencias en la sociedad y los mecanismos que podrían contenerla.

El poder como herramienta de gobierno

El poder no es, en sí mismo, algo negativo. En su forma legítima, el poder político permite establecer normas, aplicar justicia, organizar recursos y garantizar la seguridad de los ciudadanos. La autoridad, cuando es democrática y limitada por la ley, tiene el potencial de ser un instrumento de progreso.

Sin embargo, el poder también puede convertirse en una adicción. Su ejercicio continuado genera una sensación de superioridad, de impunidad y de distancia con respecto al ciudadano común. Quienes detentan el poder por largos periodos pueden llegar a confundir el bien común con sus propios intereses, y lo que antes era un servicio a la comunidad se transforma en dominio sobre ella. Para este propósito pelean por las reelecciones indefinidas diciendo que es el pueblo el que jubila o no al político.

En este sentido, ya Nicolás Maquiavelo advertía, desde una visión realista, que “los hombres olvidan más pronto la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio”, evidenciando cómo el poder tiende a usarse para resguardar intereses personales, aunque eso implique quebrar principios éticos o legales.

La corrupción: expresión degenerada del poder

La corrupción es el uso ilegítimo del poder para obtener beneficios personales. Puede manifestarse de muchas formas: sobornos, nepotismo, malversación de fondos, manipulación de contratos públicos, extorsión, entre otros. A menudo se oculta tras la apariencia de legalidad, lo que la hace más peligrosa.

La corrupción no nace de la pobreza, como a veces se argumenta, sino de la falta de controles institucionales, de la debilidad del Estado de Derecho y de la tolerancia social hacia estas prácticas. En sociedades donde el castigo a los corruptos es la excepción y no la regla, el mensaje que se transmite es que la impunidad está garantizada. Vale poner de ejemplos los gobiernos del socialismo del Siglo XXI con algunos exponentes como Cristina de Kirchner que no acepta ir a la cárcel, señalando sus malos manejos en una persecución política, o en Ecuador con un ex presidente prófugo y medio gabinete en el exilio por actos de corrupción durante un periodo de tiempo con manejo total de la administración pública.

De ahí que pensadores como José Ingenieros, en El hombre mediocre, sostuvieran que “la corrupción de las almas es la más vil de las decadencias”, vinculando el poder desmedido con la decadencia moral que contamina a individuos e instituciones.

El poder absoluto y la pérdida de límites

Cuando Lord Acton advertía que el poder absoluto corrompe absolutamente, se refería a una realidad comprobada por siglos de historia. Los monarcas absolutos, los dictadores, los jefes de partidos únicos o los líderes populistas que concentran todos los poderes en sus manos terminan, inevitablemente, por gobernar para sí mismos.

En este contexto, es importante advertir cómo la vieja pretensión de los políticos de controlar todos los poderes del Estado —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— bajo el pretexto de la “gobernabilidad”, constituye un camino directo hacia el absolutismo. Este argumento, aparentemente técnico o administrativo, ha sido utilizado una y otra vez como justificación para cooptar instituciones, eliminar la independencia judicial, manipular los órganos de control y silenciar voces críticas. Lejos de fortalecer la democracia, esta concentración de funciones destruye su esencia misma: la pluralidad, la deliberación y los contrapesos.

La ausencia de límites éticos y legales lleva a estos líderes a justificar cualquier acción en nombre del “bien del pueblo”. Así, las instituciones se subordinan al capricho de una sola persona o de un grupo, se destruyen los equilibrios republicanos, se manipulan las leyes y se amordaza a la prensa.

No es casual que el filósofo Montesquieu escribiera: “Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder”. Esta afirmación, que dio origen a la doctrina de la separación de poderes, subraya la importancia de limitar el poder para evitar su corrupción.

Las consecuencias sociales de la corrupción

La corrupción tiene un alto costo para la sociedad. Desvía recursos públicos que deberían destinarse a salud, educación, infraestructura o seguridad. Reduce la eficiencia del Estado, genera desigualdad, mina la confianza ciudadana y debilita la democracia.

Además, crea una cultura de cinismo y resignación. Cuando la ciudadanía percibe que todos los políticos son corruptos y que nada puede cambiar, se debilita el tejido social y se abre la puerta al autoritarismo. La democracia, sin ética, se convierte en una fachada vacía.

Esto fue retratado con agudeza por George Orwell en Rebelión en la granja, cuando afirmó: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. La corrupción, así, destruye el ideal de igualdad y justicia, al privilegiar a quienes ostentan el poder en detrimento del pueblo.

Cómo prevenir la corrupción

Combatir la corrupción no es tarea fácil, pero es posible si se establecen reglas claras y mecanismos eficaces de control. Algunas medidas esenciales incluyen:

  • Transparencia en la gestión pública, con acceso a la información y rendición de cuentas.

  • Independencia del poder judicial, para que los corruptos sean juzgados sin presiones políticas.

  • Educación ética y cívica, que forme ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes.

  • Instituciones autónomas, como fiscalías y contralorías, que investiguen y sancionen con rigor.

  • Participación ciudadana, que vigile el uso de los recursos públicos y exija integridad.

La corrupción no se elimina solo con leyes, sino con una cultura de legalidad que debe ser promovida desde todos los ámbitos de la sociedad.

Conclusión

El poder es necesario para gobernar, pero su concentración sin límites éticos ni institucionales da lugar a la corrupción. La advertencia de Lord Acton sigue vigente en nuestros días: ningún ser humano es inmune a los efectos corruptores del poder absoluto. Por ello, la construcción de democracias sólidas, con instituciones independientes, ciudadanos informados y cultura ética, es la mejor defensa frente a este mal que socava el desarrollo y la justicia.

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lunes, 21 de abril de 2025

La Trampa de la Institucionalidad en América Latina


Autor: Dr. Armando José Urdaneta Montiel

América Latina, una región con un potencial económico vasto y recursos naturales abundantes, pero sigue estancada en un círculo vicioso de pobreza, corrupción y crisis económica. A pesar de los intentos por modernizar las economías y atraer inversión extranjera, las instituciones gubernamentales continúan fallando en proporcionar un entorno favorable para el desarrollo. La precariedad institucional, exacerbada por las políticas inflacionarias y las regulaciones excesivas, ha resultado en un freno constante al crecimiento económico. Países como Ecuador, Venezuela, Argentina y Guatemala se encuentran entre los ejemplos más representativos de este fenómeno, donde la intervención estatal y la falta de seguridad jurídica han disuadido a los inversionistas y agudizado las crisis internas.

Instituciones débiles, economías frágiles

La calidad institucional en América Latina ha sido consistentemente baja durante la última década. El Índice de Calidad Institucional (ICI) en sus distintos informes desde 2012 hasta 2023, ha revelado que las principales economías de la región, como Argentina, Venezuela y Ecuador, han sufrido un deterioro continuo en sus instituciones políticas y económicas. Estos países no solo se caracterizan por tener gobiernos centralizados y con altos niveles de corrupción, sino también por la falta de respeto al estado de derecho y los derechos de propiedad, factores claves para atraer inversión extranjera. Según el informe de calidad institucional de 2013, la falta de calidad institucional afecta negativamente no solo a la actividad económica interna, sino también a los flujos de inversión extranjera, especialmente en aquellos países con altos niveles de corrupción y control gubernamental.

Venezuela y Ecuador, bajo las políticas de la Revolución Bolivariana y la Revolución Ciudadana hasta el 2017 respectivamente, son casos emblemáticos de cómo las instituciones precarias y la inseguridad jurídica han frenado el interés de los inversionistas internacionales. Venezuela, que se ubicó entre los últimos puestos del índice durante varios años consecutivos, muestra un patrón constante de intervención estatal en la economía, expropiaciones y políticas erráticas que desincentivan el ingreso de capital extranjero.

Exceso de regulaciones y su impacto en la inversión

Uno de los mayores obstáculos para la inversión extranjera directa en América Latina es la maraña de regulaciones impuestas sobre la actividad económica. Países como Venezuela y Argentina han desarrollado políticas intervencionistas y populistas que distorsionan el mercado, generan inestabilidad y ahuyentan a los inversionistas. Las reformas estructurales se han visto limitadas por el deseo de los gobiernos de controlar sectores clave, imponiendo cargas fiscales exorbitantes y normativas que no solo dificultan la apertura de nuevas empresas, sino que también castigan a aquellas que desean expandirse o invertir en el país.

Argentina, bajo el kirchnerismo, adoptó medidas como la nacionalización de empresas y expropiaciones arbitrarias que crearon un clima de extrema incertidumbre. En 2012, el informe de calidad institucional menciona específicamente la expropiación de YPF a la española Repsol sin indemnización adecuada, un caso que resaltó la falta de respeto al derecho de propiedad y la seguridad jurídica. De manera similar, en Venezuela, la expropiación de activos privados y la violación sistemática de los derechos de propiedad no solo destruyó la confianza empresarial, sino que aceleró la fuga de capitales. Ecuador no es ajeno a este fenómeno. Durante la Revolución Ciudadana, la administración centralizó la economía y adoptó medidas que restringieron la libertad económica, lo que contribuyó al desplome de la inversión extranjera en sectores estratégicos.

Si bien Guatemala no implementó medidas tan extremas como las expropiaciones observadas en Argentina o Venezuela, las debilidades en su sistema judicial, la inseguridad y la falta de reformas estructurales claras en áreas clave, como la protección de los derechos de propiedad y el cumplimiento de contratos, generaron incertidumbre para los inversionistas extranjeros. El aumento de la deuda externa durante este período también sugiere que el país tuvo que recurrir al endeudamiento para compensar la falta de inversión privada.

La inflación y el limitado ahorro interno

A la falta de inversión extranjera directa se suma un problema interno: el escaso ahorro nacional. En economías frágiles como las de América Latina, la inflación se ha convertido en una constante que erosiona los ingresos y limita la capacidad de ahorro de las personas. Países como Argentina, Ecuador, Guatemala y Venezuela han incrementado su deuda externa de manera considerable entre 2004 y 2016, en parte para financiar déficits fiscales generados por políticas populistas y expansivas.

En Argentina, la deuda externa pasó de US$ 110 mil millones en 2004 a más de US$ 144 mil millones para 2014, luego de una década de políticas económicas erráticas que incluyeron expropiaciones y controles de capital. En Ecuador, bajo la Revolución Ciudadana se cuadruplicó, pasando de US$ 10 mil millones en 2007 a US$ 43 mil millones en 2016, principalmente debido a acuerdos financieros con China. Venezuela, en el marco de la Revolución Bolivariana su deuda externa se triplicó, alcanzando US$ 90 mil millones en 2016, exacerbada por acuerdos de deuda-petróleo con China y Rusia . Guatemala también aumentó su deuda externa, aunque de manera más pausada de US$ 4.8 mil millones a US$ 8.6 mil millones en este período.

Este creciente endeudamiento no solo limita las posibilidades de ahorro interno por el aumento y encarecimiento del servicio de la deuda, sino que también aumenta la dependencia de estos países de la inversión extranjera para impulsar el crecimiento económico, una inversión que sigue siendo esquiva debido a la inestabilidad política y la incertidumbre institucional.

Seguridad ciudadana y calidad de los servicios públicos: factores olvidados

Otro aspecto clave que desalienta la inversión extranjera es la falta de seguridad ciudadana y la baja calidad de los servicios públicos. América Latina, y en particular países como Venezuela y Guatemala, enfrenta altísimos niveles de criminalidad, lo que aumenta los costos para las empresas y las desincentiva de invertir en la región. El informe del índice de calidad institucional de 2015, destaca cómo la inseguridad ciudadana en Venezuela, Honduras y Guatemala sigue siendo un factor que afecta tanto la estabilidad interna como la confianza de los inversores.

Al mismo tiempo, la calidad de los servicios públicos es deficiente, lo que contribuye a un entorno poco atractivo para el establecimiento de negocios internacionales. En el caso de Ecuador, el informe menciona que la falta de inversión en infraestructura y la baja eficiencia de los servicios básicos se suman a la lista de barreras para la inversión extranjera.

Conclusión

La precaria institucionalidad en América Latina es una de las mayores barreras al desarrollo económico y a la atracción de inversión extranjera. Países como Ecuador, Venezuela, Argentina y Guatemala han caído en una trampa institucional, donde las regulaciones excesivas, la inestabilidad jurídica y la falta de seguridad y el cercenamiento a las libertades económicas, se han convertido en los principales frenos al crecimiento sostenible. Mientras estas naciones no logren fortalecer sus instituciones, reducir la corrupción y generar un entorno propicio para la actividad empresarial mediante una menor intervención estatal en la economía mediante una menor presión fiscal y la supresión de regulaciones, seguirán esperando por un capital extranjero que nunca llegará bajo estas condiciones, en la actualidad, prefiere mercados más estables y con reglas claras. La única vía de escape de esta trampa pasa por la mejora institucional, la adopción de políticas monetarias estables y la creación de un entorno económico que promueva la competencia y respete la libertad económica.


¿Crees que es posible romper el círculo vicioso de pobreza y corrupción en América Latina sin una reforma institucional profunda? Deja tu comentario y comparte este blog entre tus amigos.

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