Una de las primeras ideas que Kirzner desarrolla es la noción de “descubrimiento emprendedor”. A diferencia de la visión clásica que ve al emprendedor simplemente como un combinador de factores conocidos, Kirzner lo entiende como agente que descubre usos no explotados de recursos existentes o posibilidades nuevas de intercambio. Esta capacidad de descubrimiento hace que la acción del emprendedor sea creativa, innovadora y esencial para el dinamismo del sistema capitalista.
La segunda idea clave es la ampliación del principio «finders-keepers» (“el que encuentra se queda con ello”). Kirzner lo emplea para argumentar que cuando alguien descubre una oportunidad que antes no era identificada —por ejemplo un nuevo uso para un recurso—, ese descubrimiento le confiere un derecho legítimo a apropiarse de la ganancia generada. Para Kirzner, esto basta para fundamentar una teoría de la justicia distributiva: la ganancia emprendedora no es un robo o una explotación, sino la legítima apropiación del valor descubierto, diría del esfuerzo por hacer algo que el resto no quiere o no entiende como hacerlo.
En consecuencia, Kirzner critica severamente las teorías de la justicia distributiva basadas en metas de igualdad de resultados o en la planificación centralizada. Según él, esas teorías no aprecian lo que el mercado hace como procedimiento de descubrimiento —y que pretender imponer ex ante una distribución “justa” de acuerdo a patrones predeterminados es ignorar la creatividad, la diversidad de circunstancias y los procesos imprevisibles de mercado.
Respecto al socialismo o a las propuestas de planificación económica, Kirzner ofrece una refutación indirecta pero contundente. La lógica del socialismo, según él, parte de que se puede asignar recursos y remuneraciones de manera “justa” a priori, con criterios de necesidad, igualdad o igualdad de oportunidades burocráticamente definidos. Y todos sabemos como termina esa asignación. Pero si el mercado es en esencia un proceso en el que los descubrimientos no son anticipables, entonces dicha planificación carece de sentido porque no puede captar las oportunidades emergentes de que se aproveche la acción emprendedora. En sus palabras, “notar que la economía es un procedimiento de descubrimiento hace que las nociones de justicia en términos de estado final resulten altamente problemáticas”.
Kirzner también entiende que el sistema de mercado no garantiza un reparto igualitario, pero sí uno legítimo, en la medida en que no existe coacción ni confiscación arbitraria. Lo que se reparte es fruto de la acción voluntaria, del intercambio, del descubrimiento, y de la competencia. Bajo esa visión, la redistribución masiva demandada por la izquierda no sólo no es necesaria sino que puede dañar los mecanismos que permiten la creatividad y la innovación, frenando el dinamismo económico.
Desde un enfoque de “anti-socialista”, se aprecia que Kirzner negaba de facto la viabilidad de modelos socialistas que pretendan igualar resultados mediante control centralizado: tales modelos demuelen la función emprendedora, suprimen la señal del beneficio como indicación de descubrimiento y acaban por producir falta de incentivos, estancamiento y misallocation. A la vez, su análisis valoriza la libertad de los agentes, el derecho de propiedad (fundamental al “finders-keepers”) y el papel del mercado como generador de oportunidades que ningún planificador omnisciente podría predecir o controlar.
Creo que la obra de Kirzner aporta un sólido fundamento filosófico-económico al argumento liberal clásico, complementándolo con una visión dinámica y de proceso (no sólo de equilibrio). No obstante, cabe reconocer que la teoría presupone condiciones institucionales robustas (estado de derecho, mercados libres, propiedad privada) que en la práctica no siempre están presentes, lo cual limita el alcance normativo de sus conclusiones en economías con debilidades institucionales.
Es necesario recordar que Kizner escribe su libro en 1989, sin embargo, sus ideas siguen tan aplicadas como entonces. En un mundo donde las startups, la disrupción tecnológica, las plataformas digitales y la economía de la innovación devoran modelos tradicionales, el rol del emprendedor-descubridor es hoy más relevante que nunca. La noción de que las ganancias se obtienen por descubrimiento de oportunidades sigue presente en economías dinámicas (Silicon Valley, economías emergentes). Asimismo, los debates recientes sobre igualdad de resultados versus igualdad de oportunidades pueden enriquecerse con la visión kirzneriana que apuesta por las oportunidades emergentes antes que por la redistribución ex ante. En suma: la obra sigue siendo una referencia válida para quienes defienden un capitalismo creativo, emprendedor y libre frente a visiones socialistas de control, igualdad de resultados y planificación.
El socialismo reparte pobreza, el capitalismo descubre riqueza.
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