China es hoy un caso fascinante para entender cómo el capitalismo —incluso aplicado en un régimen autoritario— puede transformar la vida de millones de personas. Desde 1978, con las reformas de Deng Xiaoping, el país pasó de ser una economía agrícola empobrecida a convertirse en una potencia manufacturera, tecnológica y comercial sin precedentes históricos.
Sin embargo, esa hazaña económica convive con una gran paradoja: mientras el mercado liberó la riqueza, el sistema político mantuvo encarceladas muchas libertades esenciales. Este contraste explica por qué China logró reducir la pobreza extrema, pero no ha conseguido sacar a todos sus ciudadanos de la miseria ética, cívica y política que implica vivir bajo un régimen sin libertades plenas.
1. El motor del milagro: el capitalismo pragmático
El punto de quiebre para China fue el abandono gradual del modelo colectivista maoísta. Antes de 1978, las comunas rurales, los planes quinquenales rígidos y la asignación centralizada de recursos habían sumido al país en hambrunas, improductividad y estancamiento crónico.
Con Deng Xiaoping llegó la frase que definió una era: “No importa si el gato es blanco o negro, mientras cace ratones”. Traducido a economía: lo importante no es el dogma, sino que funcione.
Se introdujeron entonces reformas clave:
Propiedad privada limitada, especialmente en el campo.
Zonas Económicas Especiales como Shenzhen, donde se permitieron inversiones extranjeras y competencia abierta.
Emprendimiento local, con miles de pequeñas empresas que abandonaron la lógica estatal.
Apertura al comercio internacional, convirtiendo a China en la fábrica del mundo.
Mercados laborales más flexibles, que permitieron migración interna masiva y rápida adaptación productiva.
El resultado: China sacó a más de 800 millones de personas de la pobreza extrema, según el Banco Mundial. Este es, sin exagerar, el mayor proceso de reducción de pobreza en la historia de la humanidad.
Y la razón no fue el socialismo: fue la adopción inteligente de mecanismos capitalistas.
2. ¿Por qué funciona el capitalismo incluso bajo un régimen autoritario?
Porque, aunque el sistema político siga siendo vertical, el mercado libera incentivos. Las personas:
producen más cuando pueden conservar parte del fruto de su trabajo,
innovan cuando existe competencia,
emprenden cuando se les permite decidir,
y mejoran su productividad cuando están obligadas a responder al mercado global.
China demostró que el capitalismo no es una ideología, sino una tecnología de desarrollo.
Cuando la aplicas, funciona. Así de simple.
3. La cara oculta: lo que el capitalismo no puede resolver sin libertad
A pesar del crecimiento, China mantiene problemas profundos que se explican por las restricciones políticas y no por la economía de mercado:
a) Persistencia de la pobreza relativa
Aunque se redujo la pobreza extrema, millones de chinos aún viven con ingresos muy bajos. Las zonas rurales continúan atrasadas, y la desigualdad entre provincias es enorme.
El capitalismo no puede corregir estas disparidades si el Estado mantiene un control absoluto sobre las decisiones fiscales y territoriales.
b) Falta de derechos laborales
En un sistema sin sindicatos independientes y sin tribunales autónomos, muchos trabajadores quedan indefensos ante abusos.
El capitalismo genera riqueza, pero requiere instituciones libres para redistribuirla de manera justa.
c) Represión política
Mientras se permite libertad económica parcial, la libertad política sigue siendo nula.
Sin libertad de prensa, de asociación, de voto o de pensamiento, el ciudadano sigue siendo pobre en términos cívicos, aunque tenga mejores ingresos.
d) Innovación bajo vigilancia
China es líder tecnológico, pero el control político puede frenar el desarrollo creativo.
La innovación profunda requiere libertad para cuestionar, experimentar y disentir. Sin eso, el avance tiene un techo.
4. ¿Por qué China no ha salido completamente de la miseria?
Porque la miseria no solo es económica. También existe la miseria:
moral, cuando el individuo vive condicionado por el miedo;
cívica, cuando no puede expresar su opinión;
cultural, cuando la diversidad de ideas es reprimida;
política, cuando la ciudadanía no decide su destino.
China dejó atrás la hambruna, pero no ha dejado atrás la censura. Construyó rascacielos, pero no instituciones democráticas. Creó riqueza, pero no derechos.
Y mientras ese equilibrio se mantenga, seguirá existiendo una frontera invisible entre el éxito económico y la dignidad plena.
5. Ventajas del capitalismo que explican el éxito chino
Aquí está lo esencial:
Genera incentivos poderosos para producir e innovar.
Atrae inversión extranjera que impulsa empleo y tecnología.
Permite reasignación eficiente de recursos, algo que el socialismo jamás logró.
Fomenta competencia, que mejora calidad y reduce costos.
Expande el bienestar cuando se acompaña de instituciones sólidas.
Mi opinión directa: lo que funcionó en China es el capitalismo. El socialismo, incluso el “con características chinas”, solo ha sido un disfraz para un Estado que necesitaba sobrevivir.
6. El gran obstáculo: la libertad
China demuestra que el capitalismo puede coexistir con autoritarismo, pero no florece completamente sin libertad. La prosperidad futura del país dependerá menos de cuántas fábricas construya y más de cuánta autonomía permita a sus ciudadanos. Por lo pronto el Sistema de Crédito Social es la nueva forma de control de las personas.
Este blog presenta algunas ideas económicas sobre el comportamiento nefasto que tienen las ideas del colectivismo socialista, progresista o wokista, sobre la vida de las personas y los perjuicios que ocasionan en los países que las aplican.