Dr. Armando José Urdaneta Montiel
En los últimos años, diversos sectores políticos y académicos en América Latina han sostenido con notable entusiasmo la inminente erosión del dominio del dólar estadounidense en el sistema financiero internacional. Sin embargo, más allá de las aspiraciones ideológicas, la evidencia empírica disponible sugiere que tales pronósticos han sido, cuando menos, prematuros.
En primer lugar, la preferencia por activos denominados en dólares se intensifica en contextos de incertidumbre financiera. Los flujos de capital continúan dirigiéndose hacia el mercado estadounidense, particularmente hacia instrumentos de renta variable que integran índices como el Dow Jones, S&P 500 y el NASDAQ Composite, así como hacia bonos del Tesoro. Esto refleja una dinámica clásica de “flight to quality”.
A pesar de episodios de corrección en los mercados bursátiles, la tendencia predominante sigue siendo alcista, lo que sugiere ausencia de un quiebre estructural. Desde el punto de vista microeconómico, el incremento en los precios de las acciones responde a un exceso de demanda sobre la oferta, aunque también está influido por expectativas de beneficios futuros y condiciones de liquidez global.
En el ámbito cambiario, tanto el euro como el yuan chino han mostrado una relativa estabilidad frente al dólar, con episodios de depreciación marginal. Esto puede atribuirse, entre otros factores, a diferenciales en política monetaria, particularmente a las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos en comparación con el Banco Central Europeo y el Banco Popular de China.
Por ello, lejos de debilitarse, el dólar ha mantenido e incluso reforzado su posición como principal moneda de reserva, medio de intercambio y unidad de cuenta a nivel global. Según datos del Fondo Monetario Internacional, aproximadamente el ¨58–59% de las reservas internacionales mundiales están denominadas en dólares (2024–2025), muy por encima del euro (~20%) y del yuan (<3%).
En contextos de incertidumbre financiera, los flujos de capital continúan dirigiéndose hacia activos denominados en dólares. Este comportamiento, conocido como “flight to quality”, se refleja en la fuerte demanda de bonos del Tesoro estadounidense. De acuerdo con la Reserva Federal de Estados Unidos, el mercado de Treasuries supera los 25 billones de dólares, constituyendo el activo seguro más grande y líquido del mundo.
Desde una perspectiva cambiaria, el predominio del dólar es aún más evidente. The Bank for International Settlements (BIS) estima que el dólar participa en cerca del 88–90% de todas las transacciones del mercado cambiario global (FX). Este dato no implica dominio unilateral, pero sí confirma su rol central como moneda de intermediación global.
Asimismo, el rol del dólar en el comercio internacional continúa siendo dominante. Datos de SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication) indican que el dólar representa aproximadamente el 48–55% de los pagos internacionales (2024–2025), superando ampliamente al euro (~20%) y al yuan (~4–5%).
En términos de financiamiento global, la evidencia es igualmente contundente. Según The Bank for International Settlements (BIS), alrededor del 60% de la deuda internacional emitida está denominada en dólares, lo que refleja la preferencia de gobiernos y corporaciones por esta moneda. A su vez, cerca del 50% del comercio global está facturado en dólares, incluso entre países que no lo utilizan como moneda doméstica.
En este contexto, las narrativas sobre una inminente desdolarización global parecen responder más a aspiraciones políticas que a transformaciones efectivas del sistema financiero internacional. Si bien existen iniciativas impulsadas por economías emergentes para diversificar el uso de monedas incluyendo acuerdos bilaterales y mecanismos alternativos de pago, estas aún no configuran un desafío sistémico capaz de alterar el equilibrio vigente.
En definitiva, el orden monetario internacional sigue girando en torno al dólar estadounidense. Y aunque resulte incómodo para ciertos discursos, la realidad empírica respaldada por datos de organismos internacionales sugiere que, por ahora, la desdolarización sigue siendo más una consigna que una tendencia consolidada.
Antes de repetir consignas sobre el fin del dólar, conviene mirar los datos. Comparte este análisis y ayúdanos a desmontar los relatos económicos que confunden ideología con realidad.





