Cada vez que un gobierno no populista o de derecha (como les gusta decir a los políticos socialistas) asume el poder en América Latina, se repite el mismo libreto: cuentas públicas en rojo, subsidios insostenibles, reservas agotadas y una sociedad acostumbrada a precios artificialmente bajos. El ajuste no se vuelve una opción ideológica, se convierte en una necesidad macroeconómica. Sin embargo, la ultraizquierda ha perfeccionado una estrategia política muy eficaz: convertir el ajuste inevitable en una crisis social inducida, usando sindicatos y organizaciones corporativas como arietes para desestabilizar gobiernos recién llegados.
Bolivia, Argentina y Ecuador ofrecen tres ejemplos claros de este patrón.
Bolivia 2025: subsidios agotados y paros como arma política
El nuevo gobierno boliviano de Rodrigo Paz hereda un Estado sobredimensionado y un esquema de subsidios a los combustibles que drenó recursos durante más de 20 años de gobiernos Masistas con Evo Morales y Luis Arce. Eliminar subsidios como medio para recuperar las finanzas ya es catalogado por sindicalistas como un golpe a las familias bolivianas más pobres (una decisión “neoliberal”); no se entiende que es un freno al déficit fiscal y un alto a una crisis mayor.
Argentina 2018–2019 y 2024: el ajuste siempre paga el costo político
Argentina es el laboratorio más claro de este fenómeno. En 2018, el gobierno de Mauricio Macri intentó corregir tarifas, reducir subsidios y ordenar el gasto. El resultado fue una resistencia sindical sistemática basada en millones de piedras lanzadas por los denominados "movimientos sociales Evita, Polo Obrero, Campora, etc., marchas permanentes y un relato instalado: “el ajuste empobrece”.
Lo que no se dijo con claridad es que abultado y creciente gasto público vía emisión descontrolada estaba empobreciendo a los que decían defender: vía inflación, pérdida de poder adquisitivo y endeudamiento crónico. El costo político fue tan alto que el ajuste quedó inconcluso y el populismo regresó al poder en 2019.
La diferencia es que ahora el ajuste se comunicó con mayor claridad técnica desde la campaña, pero la estrategia de desgaste sigue siendo la misma. Políticos obstruyenfo desde el Congreso y el Senado toda iniciativa que les reste poder.
Ecuador 2019: cuando el subsidio se convierte en detonante
Ecuador vivió en octubre de 2019 una de las lecciones más duras. El gobierno de Lenín Moreno eliminó el subsidio a los combustibles como parte de un programa de estabilización fiscal. La reacción fue una paralización nacional, encabezada por sindicatos y organizaciones sociales indígenas con fuerte influencia ideológica de izquierda.
Desde entonces, ningún gobierno ecuatoriano ha logrado tocar seriamente el tema de los subsidios sin temor a un nuevo estallido. Una leve mejoría en este aspecto se vive con el gobierno del presidente Noboa que por primera vez venció a un movimiento indígena ante la eliminación del subisidio al diesel.
La lección económica que pocos quieren enseñar
Para estudiantes y ciudadanos, hay una verdad incómoda que debe decirse con claridad:
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El déficit fiscal no desaparece por decretoSi no se corrige, se financia con deuda, emisión o inflación. Siempre alguien paga.
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Los subsidios generalizados benefician más a quien más consumeNo son políticas progresivas; son distorsiones regresivas.
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El ajuste es impopular, pero la crisis es devastadoraEl ajuste duele una vez; la inflación y el colapso duran años.
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La ultraizquierda no necesita gobernar para mandarLe basta con controlar sindicatos, calles y relato público para tumbar gobiernos.
El verdadero problema: economía técnica vs. política de la calle
El error recurrente de los gobiernos no populistas es creer que la razón económica se impone sola y los sindicatos y movimientos sociales parasitarios de los gobiernos débiles van a entender las medidas económicas. No es así. El ajuste necesita:
Cuando esto no se hace, la ultraizquierda llena el vacío con miedo, consignas simples y presión callejera.





