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domingo, 19 de octubre de 2025

Por qué la Eliminación del Subsidio al Diésel no Implica Inflación en una Economía Dolarizada: Una Lectura desde la Economía de Oferta.

 


Dr. Armando José Urdaneta Montiel

La eliminación del subsidio al diésel en Ecuador ha provocado una intensa discusión pública, muchas veces marcada por percepciones más emocionales que racionales. Se ha repetido, casi como un dogma, que retirar el subsidio generará inflación, afectará a los sectores populares y desatará una cadena de aumentos en toda la economía. Sin embargo, un análisis desde la economía de oferta y la teoría económica ortodoxa permite entender que, en una economía dolarizada, este tipo de conclusiones carece de fundamento técnico.

Desde el año 2000, Ecuador renunció a su soberanía monetaria. El Banco Central no emite dólares ni puede expandir la base monetaria para financiar gasto público o estimular la demanda. La cantidad de dinero en circulación depende estrictamente del ingreso de divisas por exportaciones, inversión extranjera o remesas. En este contexto, la inflación clásica producto de una expansión monetaria excesiva es prácticamente imposible. Los precios solo pueden modificarse por causas reales, como cambios en los costos relativos, en la productividad o en los precios internacionales de los bienes importados.

Cuando se retira un subsidio como el del diésel, lo que ocurre no es un proceso inflacionario generalizado, sino un ajuste en los precios relativos de la economía. El combustible deja de tener un precio artificialmente bajo y comienza a reflejar su costo real. Este ajuste redistribuye el gasto de los agentes económicos: los consumidores y las empresas destinan una mayor proporción de sus dólares a pagar energía, lo que implica que deberán reducir su consumo en otros bienes y servicios. En una economía donde la masa monetaria está fija, cada dólar adicional que se gasta en diésel es un dólar menos disponible para otros sectores, generando un descenso de la demanda en esas áreas y, en muchos casos, una presión deflacionaria. En otras palabras, el retiro del subsidio no expande los precios en general, sino que reordena el uso de los recursos.

Este fenómeno puede incluso tener efectos positivos sobre la productividad y la eficiencia. Los subsidios prolongados distorsionan las señales del mercado, fomentando el consumo ineficiente de energía y reduciendo los incentivos para innovar o invertir en tecnologías más limpias. Cuando los precios reflejan los costos reales, las empresas se ven obligadas a mejorar su gestión, optimizar procesos logísticos y adoptar soluciones más sostenibles. La economía de oferta enseña que la eficiencia en la asignación de recursos es clave para el crecimiento de largo plazo; los precios subsidiados, en cambio, perpetúan ineficiencias y desvían capital hacia actividades de baja productividad.

El argumento de que la eliminación del subsidio perjudica a los más pobres también merece ser revisado con rigor. Los subsidios a los combustibles son, por naturaleza, regresivos. Los hogares de mayores ingresos y las empresas con mayor consumo energético capturan la mayor parte del beneficio, mientras que los sectores vulnerables, que consumen menos diésel directamente, apenas se benefician. Así, el subsidio actúa como una transferencia inversa: los no consumidores a menudo los más pobres terminan financiando a quienes sí lo usan, a través de los impuestos indirectos como el IVA que alimentan el presupuesto público.

Desde la óptica ortodoxa, la política fiscal debe orientarse hacia la eficiencia y la equidad mediante mecanismos focalizados. El dinero que el Estado destina a sostener subsidios universales podría emplearse en programas sociales directos, inversión en educación o infraestructura productiva, áreas donde cada dólar genera un retorno social mucho mayor. Además, mantener subsidios costosos en un entorno de restricción fiscal erosiona la sostenibilidad de las cuentas públicas, compromete la capacidad de inversión del Estado y limita la competitividad de largo plazo.

En definitiva, eliminar el subsidio al diésel no implica inflación en una economía dolarizada porque no existe un aumento en la masa monetaria ni una expansión de la demanda agregada. Lo que se produce es un reacomodo de precios relativos, un ajuste necesario que corrige distorsiones y libera recursos públicos para usos más productivos. A corto plazo, ciertos sectores podrían enfrentar aumentos de costos, pero estos efectos son transitorios y, a mediano plazo, la eficiencia ganada compensa los ajustes iniciales.

La verdadera justicia económica no consiste en mantener precios artificialmente bajos, sino en utilizar los recursos públicos donde generen el mayor beneficio social. Desde una perspectiva de economía de oferta, la eliminación del subsidio al diésel es una medida de racionalización económica, que fortalece la disciplina fiscal, mejora los incentivos de producción y promueve un crecimiento sostenible. En lugar de perpetuar un modelo de dependencia del gasto estatal, la economía ecuatoriana necesita avanzar hacia un esquema donde la productividad, la eficiencia y la asignación óptima de recursos sean las bases del bienestar colectivo.

En una economía dolarizada, eliminar subsidios no dispara la inflación, fortalece la eficiencia.
👉 Menos manipulación, más datos.
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jueves, 16 de octubre de 2025

El palo encebado del poder: cuando la izquierda y sus aliados impiden que otros suban

 

Imagina el juego del palo encebado: un tronco alto, embadurnado de grasa, con muchos premios en la punta. Quienes intentan trepar resbalan una y otra vez. Algunos elaboran estrategias, cooperan y logran avanzar; otros, incapaces de subir, prefieren reírse, obstaculizar o tirar a los que lo intentan. Esa escena festiva encierra una metáfora brutal de lo que ocurre en la política latinoamericana: grupos que, al no gobernar, más que competir, se dedican a impedir que otros lleguen. Esa lógica ya no es marginal: ha impregnado el ánimo de muchos jóvenes y adultos, que creen que si ellos no mandan, que nadie progrese, es la nueva oleada latinoamericana de resentidos sociales.

Ecuador: los paros de 2022 y el paro prolongado de 2025

En junio de 2022, Ecuador vivió un Paro Nacional de 18 días, convocado principalmente por la CONAIE organización indígena con mucho poder en la Sierra ecuatoriana, junto con movimientos que se dicen sociales contra políticas de ajuste, aumentos de precios de combustibles y reformas fiscales. Durante esas jornadas, vías fueron bloqueadas, transporte paralizado, instituciones públicas afectadas y quemadas. El gobierno de Guillermo Lasso declaró estado de excepción y acusó intentos de desestabilización. Esa protesta logró que el Ejecutivo retrocediera en algunas medidas y aceptara ciertas negociaciones. Pero el costo: la economía sufrió pérdidas considerables y el Estado cedió ante la presión masiva.

Hoy, en 2025, el país enfrenta un paro que ya supera los 20 días, convocado nuevamente por grupos indígenas y sociales. Lo llamativo: no se comprende con claridad cuáles son todas las demandas unificadas, ni hay consenso sobre metas concretas. Pero el impacto es evidente: paralización, enfrentamientos y presión política constante. Esto es puro engrase del palo: no se están presentando planes para subir, sino bloqueos para que nadie suba. El mensaje subliminal es: “si nosotros no gobernamos, que nadie avance”.

Este tipo de paros prolongados no solo detienen la actividad económica, sino que generan inseguridad, desaliento a la inversión y desgaste institucional. El país se vuelve cautivo del grito más alto, no del proyecto más viable.

Argentina: Milei contra el puerta giratoria peronista-kirchnerista

Javier Milei llegado con promesas de cambio radical, de ajuste y liberalización. Resiste y ataca al poder real del peronismo y del kirchnerismo, el que no se reduce solo al voto: actúan como correas de transmisión que obstaculizan la gobernabilidad. El Congreso, dominado por bloques afines al kirchnerismo, ha aprobado leyes que Milei denuncia como atentados al superávit fiscal y al orden presupuestario, acusando que “tienen una sola agenda: quebrar al Estado nacional”. Cada paso que el presidente intenta dar se encuentra con trabas legislativas, vetos establecidos o dilaciones estratégicas. Esa “oposición institucional” funciona como engrase del palo: mientras Milei pretende escalar, los opositores refuerzan las barreras.

El kirchnerismo no solo aprovecha su estructura partidaria (redes clientelares, presencia territorial, movilización social) sino que también opera mediante mecanismos legislativos, judiciales y mediáticos para desacreditar reformas o cada intento de gobernar con disciplina. La idea permea: “que no funcione si no es con nosotros”. Milei reporta ya desaceleración económica y malestar social, y apunta directamente contra el kirchnerismo opositor como responsable de esa resistencia sistemática. Esa resistencia política activa no legitima el debate, sino que pretende paralizar cualquier avance no alineado con su hegemonía.

Colombia y Chile: paros que retrocedieron logros sociales y económicas

En Colombia, recurrentes paros, bloqueos de vías y protestas en sectores como transporte, salud o educación han generado impactos negativos profundos desde ue gobierna Petro. Las parálisis afectan la cadena productiva, elevan los costos logísticos y reducen la inversión. En momentos críticos de reformas económicas o sociales, esas huelgas funcionan como mecanismo de veto social: no buscan mejorar las políticas sino impedirlas.

Chile, antaño modelo de estabilidad, también ha sufrido una década de lento crecimiento atribuible en parte a cambios políticos internos que modificaron su régimen reformista post 2014. Un estudio sugiere que al menos dos tercios del retroceso en Chile se debe a factores internos (cambios de políticas) más que externos, lo que evidencia que decisiones políticas autorregresivas pueden reprimir el crecimiento.  Cuando las protestas sociales, las expectativas populistas y las trabas legislativas se combinan, el país se detiene. La tensión constante entre demandas inmediatas y gobernabilidad estructural termina ralentizando, no acelerando, el bienestar colectivo.

Esa combinación de activismo y presión permanente desincentiva la inversión, paraliza reformas necesarias y promueve el estatismo clientelar como única salida, desincentivando el mérito y la iniciativa privada.

Reflexión final

El palo encebado no lo gana quien se queja más alto, sino quien persevera, hace estrategia y coopera. En Ecuador, los paros de 2022 y el actual de 2025 muestran cómo la protesta permanente puede volverse arma de estancamiento. En Argentina, la maquinaria peronista y kirchnerista actúa como grasa para que Milei resbale en cada paso que da. En Colombia y Chile, las huelgas y movimientos sociales han revertido avances y desacelerado economías.

Lo dramático es que muchos jóvenes y adultos adoptan esa lógica: si no es mi proyecto y mi líder, que no exista ningún proyecto; si yo no mando, que nadie controle. Eso legitima el sabotaje como método político. La alternativa real no es prohibir protestas (sí reconocer su rol), sino delimitar límites, exigir coherencia, fortalecer instituciones que sancionen bloqueos ilegales y premiar el esfuerzo del que propone.

Mientras América Latina no desengrase ese palo político, seguirá empantanada en el lodo de la mediocridad, celebrando caídas ajenas y temiendo los ascensos dignos.


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domingo, 12 de octubre de 2025

12 de octubre: legado compartido y crítica informada

 


Una mirada serena al pasado

El 12 de octubre Día de la Raza, de la Hispanidad o del Encuentro de Dos Mundos invita a observar el pasado con cabeza fría: sin hagiografías ni condenas totales. La conquista y la colonización fueron procesos complejos donde confluyeron poblaciones, lenguas, religiones, epidemias, redes comerciales y debates morales. Ese cruce, con claroscuros, dio origen a sociedades mestizas que hoy comparten una lengua común, instituciones y un patrimonio cultural vivo en ambos lados del Atlántico.

¿“Genocidio” la gran mentira en sentido estricto? 

La etiqueta “genocidio” implica intención de destruir total o parcialmente a un grupo. La evidencia demográfica y biomédica sitúa como principal motor de la catástrofe poblacional a las epidemias (viruela, sarampión, gripe), para las que los pueblos americanos no tenían defensas previas. La mortalidad epidémica, agravada por hambrunas y desarticulación social, explica gran parte del descenso en el siglo XVI. Esto no minimiza la violencia; ordena los factores según su peso causal. Sin embargo, los partidos de ultra izquierda con políicos oportunistas tratan de captar votos usando sin razonamiento lógico el genocidio, incluso, pidiendo perdones o reparaciones ancestrales como lo piden en México y en España reconocidos políticos comunistas.

Violencias reales, políticas no uniformes

Sí hubo masacres y abusos documentados en campañas concretas y ámbitos de conquista local. Pero de esos episodios no se desprende una política imperial unificada de exterminio como si se puede revisar la historia de casas imperiales de Bélgica y Francia. Las decisiones variaron por región y tiempo: virreyes, audiencias y gobernadores aplicaron criterios distintos; la Corona emitió normativa para ordenar (a veces con éxito, a veces no) el trato a los naturales. La historia es tensión y contradicción, no una línea recta.

Pluralidad de actores y alianzas indígenas

La conquista no fue un bloque de europeos contra un bloque indígena. Hubo alianzas indígenas decisivas (tlaxcaltecas, totonacas, cañaris, entre otros) que vieron en los castellanos un contrapeso en disputas preexistentes contra culturas como la Azteca o Inca. La geopolítica regional (confederaciones, rivalidades, tributaciones) ayuda a explicar victorias improbables y cambios de lealtad. Hubo también resistencias prolongadas, negociaciones y pactos. Un relato único borra esta diversidad de estrategias.

Normativa y debates morales dentro del sistema

Desde temprano se discutieron límites a la explotación y vías de integración jurídica. Las órdenes y cédulas reales, los debates teológicos y los pleitos en audiencias muestran una disputa interna sobre los derechos de los indígenas. Su aplicación fue desigual e insuficiente muchas veces, pero su existencia indica que no había un consenso a favor de la aniquilación ni una voluntad central de destrucción.

Intercambio Colombino: revolución ecológica y económica

El Intercambio Colombino transformó ambos hemisferios. Desde América salieron maíz, papa, cacao, tomate y chile, que alteraron dietas y economías en Europa, África y Asia. Del Viejo Mundo llegaron trigo, cítricos, ganado y caballos, modificando paisajes y prácticas productivas en América. Fue un proceso ambivalente (con beneficios y costos), pero una auténtica revolución en términos de circulación biológica y productiva.

Imprenta, educación y circulación de ideas

La temprana imprenta en México y Lima, junto con universidades y colegios, conectó bibliotecas, cánones jurídicos y redes intelectuales. Estos espacios de letras, normas y debate serían luego apropiados y resignificados por las repúblicas. Relativizan la imagen de un territorio sin instituciones de saber ni vida intelectual organizada.

Conmemorar sin simplificaciones

Entender el 12 de octubre en su densidad histórica permite salir de los extremos. Es inaceptable negar la violencia, el trabajo forzado, las masacres y los despojos que existieron. También es reductivo convertir cinco siglos y decenas de millones de personas en un guion único de “genocidio planificado”. La explicación más robusta combina: epidemias como causa principal del derrumbe demográfico; violencias relevantes pero variables por región; alianzas indígenas estratégicas; y un marco jurídico en disputa constante.

Lo que hoy nos une

Celebrar (o conmemorar) el 12 de octubre desde esta perspectiva implica valorar el legado compartido: una lengua común que impulsa ciencia, empresa y arte; una tradición literaria de Sor Juana a García Márquez; músicas que mezclan ritmos europeos, africanos e indígenas; y un espacio académico y económico que coopera a diario.

El 12 de octubre puede entenderse como la memoria de un encuentro conflictivo que engendró una civilización mestiza. Asumir la complejidad no romantiza la conquista ni la reduce a un solo rótulo: describe con rigor y reconoce aquello que hoy nos constituye. La historia no requiere eslóganes, sino contexto, evidencias y matices.

Mirar el 12 de octubre con matices fortalece el debate público: hubo violencia y hubo creación; hubo tragedia demográfica por epidemias y hubo construcción de instituciones y cultura compartida. Esa lectura, más difícil que el blanco o negro, ayuda a pensar el presente con serenidad y respeto.

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jueves, 9 de octubre de 2025

Cuando el Estado pone precio al salario, pone precio al desempleo

 


En economía, el salario no es un mandato moral ni una dádiva; es un precio más dentro del sistema de mercado que la mayoría de la gente de la política se niega a entender.
Esa es la lección central que Henry Hazlitt recordaba con insistencia y que la intervención estatal tiende a olvidar con consecuencias nefastas entre jóvenes sin empleo.
En esta entrada de Ideas Antizurdos, analizamos cómo los salarios fijados “a dedo” por los gobiernos generan desajustes en el empleo y cómo, en América Latina, el sistema de salario mínimo mensual agrava las distorsiones.

1. El salario como precio: principio fundamental

Hazlitt, en su obra La economía en una lección, afirma que “un salario es en realidad un precio”.
Y como cualquier precio, depende de la oferta y la demanda.

Cuando el gobierno impone un salario por encima del equilibrio natural, se produce un exceso de oferta de trabajo (más personas queriendo trabajar) y una reducción en la demanda de empleo (menos empresas contratando).
El resultado inevitable: desempleo.

Hazlitt advertía que cuando los salarios se fijan artificialmente altos, los empleadores no pueden sostener el costo y recurren a tres opciones:
1️⃣ Despiden personal.
2️⃣ Reducen horas de trabajo.
3️⃣ Sustituyen trabajadores por máquinas.

El empleo no se crea por decreto, sino por productividad y libre intercambio.

2. La particularidad latinoamericana: el salario mínimo mensual

A diferencia de países desarrollados, en América Latina el salario no se mide por hora, sino que se impone como un salario mensual uniforme.
Esta forma de regulación tiene poca o nula base técnica y responde principalmente a decisiones políticas o sindicales.

Problemas principales:

  • No refleja productividad por hora.
    Se iguala el pago de trabajos de distinta eficiencia.

  • Ignora diferencias regionales.
    El costo de vida en Quito o Buenos Aires no es el mismo que en zonas rurales.

  • Desalienta la contratación formal.
    El salario fijo impide ajustes y fuerza a pequeñas empresas hacia la informalidad.

  • Afecta a jóvenes y trabajadores con baja productividad.
    Las empresas los excluyen porque no pueden pagar lo que produce su trabajo.

El resultado es paradójico: la ley que dice “proteger al trabajador” termina dejándolo sin empleo o en la informalidad.

3. Por qué el salario mensual agrava la distorsión

En los sistemas donde el salario se paga por hora, el empresario puede ajustar horas de trabajo ante una caída en la productividad.
Pero el salario mensual impuesto no ofrece flexibilidad alguna: el costo se mantiene fijo, aunque caiga la producción.

Esto genera:

  • Menor contratación formal.

  • Aumento del subempleo.

  • Expansión de la economía informal.

  • Pérdida de competitividad.

El caso ecuatoriano es emblemático: el salario básico ha crecido sin que la productividad lo acompañe.
El resultado es un salario real artificialmente alto y un mercado laboral que expulsa a los menos calificados.

4. La falta de justificación técnica

En la mayoría de países latinoamericanos, los ajustes del salario mínimo se basan en inflación pasada o criterios políticos, no en productividad ni en análisis sectoriales.

Como señala Mises en La acción humana, toda intervención en el sistema de precios genera descoordinación económica.
El salario político rompe la relación entre producción y remuneración, lo que destruye el proceso natural de ajuste del mercado.

Hazlitt también advierte:

“Los salarios no pueden subir para todos al mismo tiempo a menos que aumente la productividad total. Todo intento de elevarlos por decreto genera paro o inflación.”

5. Igualdad aparente, desigualdad real

El salario mínimo busca igualar, pero termina excluyendo:

  • Los más productivos mantienen sus puestos.

  • Los menos productivos quedan desempleados o se vuelven informales.

  • Las pequeñas empresas desaparecen o se vuelven ilegales.

Así, una medida “social” genera el efecto contrario: menos empleo y más pobreza estructural.
El Estado sustituye el salario bajo por el desempleo alto.
Hazlitt lo resume con precisión:

“Cuando el Estado fija salarios por encima del mercado, sustituye los salarios bajos por el paro.”

6. Conclusión: libertad de precios, libertad de empleo

La experiencia latinoamericana confirma las lecciones de Hazlitt y Mises:
Los salarios fijados políticamente (y en especial los mínimos mensuales sin base técnica) destruyen empleo, reducen la productividad y fomentan la informalidad.

El mercado libre, por el contrario, coordina decisiones individuales mediante precios, incentiva la eficiencia y genera oportunidades reales de progreso.
El verdadero camino hacia salarios más altos no es la imposición estatal, sino más inversión, mejor educación y respeto a la libertad económica.

Como escribió Hazlitt:

“El arte de la economía consiste en mirar no solo los efectos inmediatos, sino los efectos a largo plazo de cualquier política, y no solo a un grupo, sino a todos.”

Fuentes consultadas:

  • Hazlitt, H. (1946). La economía en una lección. Instituto Cato.

  • Mises, L. von. (1949). La acción humana. Unión Editorial.

  • El Cato Institute. (2024). La lección atemporal de Henry Hazlitt: refutando aún hoy las tonterías económicas actuales.

  • Liberalismo.org. Leyes de salario mínimo.

  • Nueva Revista (2023). Henry Hazlitt: la economía en una lección.


👉 Si crees que los gobiernos no deben fijar precios, compártelo.
💬 ¿Qué opinas del salario mínimo en tu país? Cuéntalo en los comentarios.

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domingo, 5 de octubre de 2025

Hablemos de Genocidios (Armenia el pueblo olvidado y sin Patria)

Mira este video que seguro te impactará. 

 
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sábado, 4 de octubre de 2025

¿Cuándo es “genocidio”? Gaza frente a los Balcanes y Armenia

 

En política internacional, pocas palabras cargan tanta potencia moral y jurídica como genocidio. No es un adjetivo: es un delito específico definido por la Convención de 1948 como ciertos actos cometidos con la intención de destruir, en todo o en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal (matar, causar daño grave, imponer condiciones de destrucción, impedir nacimientos o transferir forzosa de niños). Acaso se puede olvidar la masacre del 7 de octubre en Israel, masacre negada por diversos medios de comunicación y por oenegés de derechos humanos. La clave no es solo la magnitud de las muertes, sino la intención específica (dolus specialis). Esa precisión legal explica por qué algunos episodios están jurídicamente establecidos como genocidio, mientras otros permanecen en disputa o bajo examen.

Casos asentados: Armenia y Srebrenica

Armenia (1915–1917): en la academia histórica existe una amplia y consolidada consideración de que las deportaciones y masacres del Imperio Otomano contra los armenios constituyen genocidio. En los últimos años se ha ampliado el reconocimiento político internacional (por ejemplo, el de EE. UU. en 2021), reforzando el consenso histórico sobre el carácter genocida de aquellos hechos. La disputa persiste con Turquía, pero la literatura especializada y la memoria jurídica-política han cristalizado esta calificación, sin embargo, el dictador turco Erdogan defiende a los genocidas de Hamás y amenaza constantemente a los Armenios. El mundo de los derechos humanos, hace silencio con los armenios será porqué son cristianos.

Srebrenica (1995): aquí no hay ambigüedad judicial. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY/ICTY) condenó por genocidio por la masacre de más de 7.000 varones bosnios musulmanes tras la caída del enclave; la Sentencia de Apelación en Krstić (2004) fijó doctrina y detalles de la intención específica. Es un punto de referencia jurídico: no es un juicio político, sino una calificación penal probada, en este caso, al revés, los medios cubrieron los hechos al ser las víctimas musulmanas.

En ambos casos, por vías distintas (historiografía/ reconocimiento político para Armenia; condenas penales internacionales para Srebrenica), el término ha quedado anclado con alta densidad probatoria y relativa estabilidad semántica.

Gaza: proceso abierto, lenguaje en disputa

Gaza no está jurídicamente “resuelta”. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) conoce el caso Sudáfrica vs. Israel al amparo de la Convención de Genocidio, demandó al estados Judío olvidando la persecución del gobierno racista de Sudáfrica a la minoría blanca. La CIJ no ha declarado que exista genocidio, pero sí ha dictado medidas provisionales (enero de 2024 y órdenes posteriores) ordenando a Israel prevenir actos prohibidos por la Convención y permitir ayuda humanitaria, al estimar plausible el riesgo mientras se resuelve el fondo Esto significa: no hay sentencia sobre el fondo, pero sí alarma jurídica suficiente como para ordenar cautelares.

En paralelo, el saldo humanitario es extremo. La ONU  ha documentado cifras de víctimas y destrucción sin precedentes recientes en el territorio, con desplazamiento masivo y hambre generalizada, según la mirada de los que quieren ver hambre, sin embargo, miles de camiones siguen con comida esperando por el visto bueno de los terroristas de Hamas; los partes de 2025 reportan decenas de miles de muertos y condiciones de vida colapsadas. Reportajes de campo describen devastación urbana casi total en zonas de Gaza, reforzando la percepción pública de catástrofe, con lo que se trata de desconocer la guerra existente en esa zona del mund. También hay pronunciamientos académicos de grupos woke insertados en el mundo de la educación que se prestan a los relatos y mienten con descaro. Israel lo niega rotundamente y defiende que actúa contra Hamas en legítima defensa, cuestionando fuentes y cifras.

¿Qué implica todo esto? Que el uso del término “genocidio” en Gaza no debe ser un concepto en disputa legal y política. El umbral jurídico definitivo depende de probar intención específica; por eso la CIJ pide preservar vidas y pruebas mientras delibera sobre el fondo. En términos estrictos: no es correcto afirmar ni que sea “falso genocidio” (porque el proceso está abierto y hay medidas cautelares), ni que esté “jurídicamente probado” (porque aún no hay sentencia de fondo). Es un terreno sub judice.

¿Por qué tantos creen (o niegan) narrativas extremas?

  1. Sesgos motivados: incluso la gente con educación superior no es inmune a la disonancia cognitiva. Usan su capital intelectual para racionalizar lo que ya creen, no necesariamente para refutarlo.

  2. Arquitectura de plataformas: los algoritmos premian el engagement, no la veracidad. Las burbujas informativas consolidan “hechos alternativos” y penalizan los matices.

  3. Guerra informativa: actores estatales y no estatales despliegan operaciones de influencia. El objetivo no siempre es convencer, sino sembrar duda.

  4. Carga emocional: imágenes de gran impacto (niños, hospitales, columnas de desplazados) preceden a la razón; los desmentidos llegan tarde y con menor potencia afectiva.

  5. Ambigüedad jurídica: mientras no hay fallo, cada bando “llena” el vacío: unos con el rótulo de genocidio, otros con “falso” o “propaganda”. En Armenia y Srebrenica, la densidad probatoria acumulada reduce ese juego semántico; en Gaza, aún no.

Cómo leer críticamente (y no ser rehén de ningún bando)

  • Partir de la definición (Convención 1948) y preguntar: ¿hay actos típicos? ¿y evidencia de intención específica?

  • Distinguir foros: resoluciones políticas o de asociaciones académicas no equivalen a sentencias judiciales; ambas importan, pero no pesan igual.

  • Seguir el proceso judicial: las medidas provisionales de la CIJ indican plausibilidad de riesgo, no veredicto; vigilar las audiencias, escritos y decisiones futuras.

  • Atender a datos humanitarios verificados por la ONU y misiones independientes; reconocer víctimas de todas las partes.

  • Recordar precedentes: en Srebrenica, el sello “genocidio” llegó tras un proceso probatorio minucioso; ese es el estándar que evita banalizar la palabra.

Finalmente

La palabra “genocidio” debe usarse con sobriedad: ni vaciarla cuando corresponde, ni inflarla como arma retórica. Armenia y Srebrenica muestran cómo la historia y el derecho pueden converger hasta fijar una verdad pública; Gaza exhibe un presente judicial abierto y una tragedia humanitaria indiscutible. En este interregno, la manipulación informativa prospera: unos sellan como “genocidio” sin esperar prueba de intención; otros lo tachan de “falso” cuado la gente se reproduce aún en conflicto militar. El desafío intelectual —y ético— es pensar contra el propio sesgo y dejar que la evidencia, el derecho y la humanidad marquen el camino.

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miércoles, 1 de octubre de 2025

La servidumbre subvencionada: manual del parásito social latinoamericano

 

Dr. Armando José Urdaneta Montiel

El gran personaje de nuestra tragicomedia latinoamericana no es ni el héroe libertador ni el empresario visionario, mucho menos el ciudadano responsable que madruga para levantarse temprano a trabajar. No. El protagonista de esta historia es el parásito social latinoamericano, ese individuo que ha perfeccionado el arte de vivir del esfuerzo ajeno mientras grita a los cuatro vientos que es víctima del sistema. Es el ciudadano que exige derechos infinitos, pero desconoce sus deberes elementales; el que quiere subsidios, bonos, pensiones mágicas y toda la lista de regalitos estatales financiados, por supuesto, con el bolsillo ajeno, es decir, por el contribuyente que se rompe la espalda trabajando. Y ahí lo vemos, indignado cuando se habla de reducir el tamaño del Estado, porque ¿qué sería de su existencia sin el “papá gobierno” que le pague hasta la siesta?

Pero el parásito social latinoamericano no actúa solo. Tiene un aliado indispensable: el político de izquierda, esa especie de vendedor de humo profesional que ha hecho de la pobreza su negocio y de la dependencia su estrategia de poder. Es él quien reparte subsidios como caramelos en campaña, quien se rasga las vestiduras hablando de justicia social mientras roba, malversa y se enriquece con la coartada perfecta de ayudar a los pobres. Juntos forman una sociedad perfecta: uno pide, el otro reparte; uno consume sin producir, el otro gobierna sin servir. Y entre los dos han montado un Estado elefantiásico, caro, ineficiente, corrupto, incapaz de generar prosperidad, pero muy eficaz a la hora de multiplicar a los dependientes.

Así ha transcurrido la historia reciente de América Latina: más de medio siglo empantanados en la misma miseria repetida, en la misma trampa populista donde la cultura del subsidio sustituye la del esfuerzo, y donde la dependencia del asistencialismo estatal se celebra como si fuera un derecho humano fundamental. Mientras el mundo avanza con innovación, trabajo y meritocracia, aquí en Latinoamérica seguimos venerando al político de izquierda que promete dádivas y al ciudadano que las reclama como si fueran herencia divina. La región está empobrecida no por falta de recursos, sino porque la riqueza que se produce se devora en sostener a un ejército de parásitos sociales que nunca en su vida han pensado en ser responsables de su propio destino, sino que por comodidad se lo delegan al político oportunista de turno.

Lo verdaderamente patético ocurre cuando un líder genuino y visionario osa proponer una reforma seria, cuando se sugiere achicar al Estado para dejar respirar a la iniciativa privada. Entonces, como un coro de cortesanas profesionales, aparece la jauría del “pueblo organizado” gritando que los quieren dejar desamparados, sin asistencia, sin subsidios, sin ese plato de comida que nunca produjeron pero que exigen como si fuera herencia divina. Porque claro, asumir la propia vida, trabajar, producir, ahorrar, crear riqueza, educarse y progresar… eso es una herejía. Mucho más cómodo es que otro pague la fiesta.

Entonces el guion se repite hasta el hartazgo: sale el político de izquierda, ese preconizador de discursos vacíos, prometiendo lo que no tiene, regalando dinero que no existe, endeudando al país hasta la médula, devaluando la moneda, reventando las cuentas públicas, destruyendo los incentivos al trabajo y premiando la dependencia estatal. Y la multitud lo aplaude de pie, como si se tratara de un mesías, sin comprender que lo único que hace es cavarles la tumba económica en nombre de su bienestar. Y allí siguen, felices en su miseria subvencionada, fieles parásitos sociales, convencidos de que ser mantenidos es sinónimo de dignidad, cuando en realidad es la mayor de las servidumbres postrados en la miseria.

Esa es la gran tragedia latinoamericana: el círculo vicioso entre el consumidor parásito y el político de izquierda, corrupto y distribuidor de la miseria, entre el ciudadano que exige que lo mantengan y el político que lo mantiene para beneficiarse él. Y mientras no rompamos ese pacto de dependencia, mientras no dejemos de venerar al parásito social latinoamericano y al político populista de izquierda, seguiremos siendo exactamente lo que hemos sido por sesenta años: un continente con un potencial gigantesco condenado a ser la caricatura de sí mismo, un eterno laboratorio de promesas rotas donde la prosperidad se sacrifica en el altar del subsidio y la riqueza se entierra para alimentar a los dependientes.


La crítica del Dr. Urdaneta puede ser dura, pero invita a reflexionar: si queremos una América Latina distinta, debemos dejar atrás la dependencia y apostar por la responsabilidad, el esfuerzo y la innovación. El verdadero cambio comienza cuando cada ciudadano decide ser protagonista de su propio destino y no un espectador de promesas vacías.

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Este blog presenta algunas ideas económicas sobre el comportamiento nefasto que tienen las ideas del colectivismo socialista, progresista o wokista, sobre la vida de las personas y los perjuicios que ocasionan en los países que las aplican.

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