Una mirada serena al pasado
El 12 de octubre Día de la Raza, de la Hispanidad o del Encuentro de Dos Mundos invita a observar el pasado con cabeza fría: sin hagiografías ni condenas totales. La conquista y la colonización fueron procesos complejos donde confluyeron poblaciones, lenguas, religiones, epidemias, redes comerciales y debates morales. Ese cruce, con claroscuros, dio origen a sociedades mestizas que hoy comparten una lengua común, instituciones y un patrimonio cultural vivo en ambos lados del Atlántico.
¿“Genocidio” la gran mentira en sentido estricto?
La etiqueta “genocidio” implica intención de destruir total o parcialmente a un grupo. La evidencia demográfica y biomédica sitúa como principal motor de la catástrofe poblacional a las epidemias (viruela, sarampión, gripe), para las que los pueblos americanos no tenían defensas previas. La mortalidad epidémica, agravada por hambrunas y desarticulación social, explica gran parte del descenso en el siglo XVI. Esto no minimiza la violencia; ordena los factores según su peso causal. Sin embargo, los partidos de ultra izquierda con políicos oportunistas tratan de captar votos usando sin razonamiento lógico el genocidio, incluso, pidiendo perdones o reparaciones ancestrales como lo piden en México y en España reconocidos políticos comunistas.
Violencias reales, políticas no uniformes
Sí hubo masacres y abusos documentados en campañas concretas y ámbitos de conquista local. Pero de esos episodios no se desprende una política imperial unificada de exterminio como si se puede revisar la historia de casas imperiales de Bélgica y Francia. Las decisiones variaron por región y tiempo: virreyes, audiencias y gobernadores aplicaron criterios distintos; la Corona emitió normativa para ordenar (a veces con éxito, a veces no) el trato a los naturales. La historia es tensión y contradicción, no una línea recta.
Pluralidad de actores y alianzas indígenas
La conquista no fue un bloque de europeos contra un bloque indígena. Hubo alianzas indígenas decisivas (tlaxcaltecas, totonacas, cañaris, entre otros) que vieron en los castellanos un contrapeso en disputas preexistentes contra culturas como la Azteca o Inca. La geopolítica regional (confederaciones, rivalidades, tributaciones) ayuda a explicar victorias improbables y cambios de lealtad. Hubo también resistencias prolongadas, negociaciones y pactos. Un relato único borra esta diversidad de estrategias.
Normativa y debates morales dentro del sistema
Desde temprano se discutieron límites a la explotación y vías de integración jurídica. Las órdenes y cédulas reales, los debates teológicos y los pleitos en audiencias muestran una disputa interna sobre los derechos de los indígenas. Su aplicación fue desigual e insuficiente muchas veces, pero su existencia indica que no había un consenso a favor de la aniquilación ni una voluntad central de destrucción.
Intercambio Colombino: revolución ecológica y económica
El Intercambio Colombino transformó ambos hemisferios. Desde América salieron maíz, papa, cacao, tomate y chile, que alteraron dietas y economías en Europa, África y Asia. Del Viejo Mundo llegaron trigo, cítricos, ganado y caballos, modificando paisajes y prácticas productivas en América. Fue un proceso ambivalente (con beneficios y costos), pero una auténtica revolución en términos de circulación biológica y productiva.
Imprenta, educación y circulación de ideas
La temprana imprenta en México y Lima, junto con universidades y colegios, conectó bibliotecas, cánones jurídicos y redes intelectuales. Estos espacios de letras, normas y debate serían luego apropiados y resignificados por las repúblicas. Relativizan la imagen de un territorio sin instituciones de saber ni vida intelectual organizada.
Conmemorar sin simplificaciones
Entender el 12 de octubre en su densidad histórica permite salir de los extremos. Es inaceptable negar la violencia, el trabajo forzado, las masacres y los despojos que existieron. También es reductivo convertir cinco siglos y decenas de millones de personas en un guion único de “genocidio planificado”. La explicación más robusta combina: epidemias como causa principal del derrumbe demográfico; violencias relevantes pero variables por región; alianzas indígenas estratégicas; y un marco jurídico en disputa constante.
Lo que hoy nos une
Celebrar (o conmemorar) el 12 de octubre desde esta perspectiva implica valorar el legado compartido: una lengua común que impulsa ciencia, empresa y arte; una tradición literaria de Sor Juana a García Márquez; músicas que mezclan ritmos europeos, africanos e indígenas; y un espacio académico y económico que coopera a diario.
El 12 de octubre puede entenderse como la memoria de un encuentro conflictivo que engendró una civilización mestiza. Asumir la complejidad no romantiza la conquista ni la reduce a un solo rótulo: describe con rigor y reconoce aquello que hoy nos constituye. La historia no requiere eslóganes, sino contexto, evidencias y matices.
Mirar el 12 de octubre con matices fortalece el debate público: hubo violencia y hubo creación; hubo tragedia demográfica por epidemias y hubo construcción de instituciones y cultura compartida. Esa lectura, más difícil que el blanco o negro, ayuda a pensar el presente con serenidad y respeto.


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