Profesor-Investigador
Durante décadas, una parte importante de la discusión sobre el desarrollo económico latinoamericano ha descansado sobre una premisa aparentemente indiscutible: para crecer es necesario invertir más, acumular capital físico y elevar el nivel educativo de la población. El planteamiento es válido, pero insuficiente. La verdadera cuestión no consiste únicamente en cuánto capital físico y humano acumula una sociedad, sino qué capacidad posee para transformar esos recursos en productividad, innovación y mayores niveles de ingreso. Esta distinción resulta particularmente relevante en América Latina, donde los avances educativos, la inversión y una mayor integración internacional no siempre se han traducido en aumentos sostenidos de la productividad.
La evidencia obtenida a partir de Penn World Table permite aproximarnos a este problema. Un análisis de 15 economías latinoamericanas durante el periodo1993–2023 muestra asociaciones positivas entre el capital, la inversión y el producto real por trabajador. La acumulación de factores continúa siendo importante. Sin embargo, los resultados relacionados con el capital humano son más complejos y plantean una interrogante fundamental para la política económica regional.
Un análisis complementario muestra una correlación positiva cercana a 0,67 entre capital humano y PIB per cápita. En términos sencillos, los países latinoamericanos con mayores niveles de capital humano tienden también a presentar mayores niveles de ingreso por habitante. No obstante, cuando se examina la estabilidad de esta relación en el tiempo, las pruebas realizadas no proporcionan evidencia robusta de una relación de equilibrio de largo plazo entre ambas variables. Tampoco se identifica causalidad temporal estadísticamente significativa al 5 %, aunque aparece evidencia marginal al 10 % desde el capital humano hacia el PIB per cápita. Adicionalmente, en el análisis dinámico realizado para las 15 economías, el capital humano tampoco presenta un efecto positivo suficientemente robusto ante diferentes procedimientos de estimación.
Estos resultados no significan que la educación perjudique el crecimiento ni que invertir en capital humano sea innecesario. La conclusión relevante es diferente: acumular capital humano y utilizar productivamente ese capital humano son procesos distintos. Una sociedad puede ampliar la escolarización, incrementar la matrícula universitaria y formar miles de profesionales sin conseguir aumentos proporcionales de productividad. Entre la adquisición de conocimientos y su transformación en producción existe una estructura económica e institucional que puede facilitar o restringir su aprovechamiento.
Una economía puede disponer de una población progresivamente más educada, pero si mantiene elevada informalidad, empresas de baja productividad, limitada innovación, reducida incorporación tecnológica y dificultades para movilizar recursos hacia actividades más eficientes, una parte del conocimiento acumulado encontrará pocas oportunidades para convertirse en mayor producción. La pregunta relevante deja entonces de ser exclusivamente cuánto educamos y pasa a ser también para qué estructura productiva estamos educando y qué posibilidades existen para aprovechar las capacidades adquiridas.
Esta perspectiva permite comprender la aparente paradoja observada en los datos. Los países con mayor capital humano suelen presentar mayores niveles de ingreso, pero incrementar cuantitativamente ese capital no necesariamente genera, por sí mismo, un crecimiento automático. Entre educación y crecimiento existe una cadena de transmisión: las personas adquieren conocimientos y competencias; las empresas deben poder utilizarlos; la inversión debe proporcionar capital físico y tecnología complementarios; los mercados deben permitir que trabajadores y recursos se desplacen hacia actividades más productivas; y las instituciones deben generar incentivos para invertir, innovar y emprender. Cuando estos mecanismos funcionan deficientemente, la rentabilidad económica del capital humano puede reducirse.
Por esta razón, resulta insuficiente medir el capital humano exclusivamente por su dimensión cuantitativa. Importan los años de escolarización, pero también la calidad de la educación, las competencias efectivamente adquiridas y su correspondencia con las necesidades del aparato productivo. El desafío latinoamericano es simultáneamente educativo y productivo.
Algo semejante ocurre con el capital físico. Los resultados muestran una asociación positiva entre capital, inversión y producto por trabajador. La inversión sigue siendo indispensable para ampliar la capacidad productiva, pero importa no solamente cuánto se invierte, sino también dónde, cómo y bajo qué condiciones. Dos economías pueden invertir proporciones semejantes de sus recursos y obtener resultados diferentes dependiendo de la calidad de los proyectos, la tecnología incorporada, la infraestructura disponible, las condiciones de competencia y los incentivos enfrentados por las empresas.
La política económica enfrenta, por tanto, un problema de cantidad, pero también de asignación y eficiencia. Aumentar la inversión sin generar condiciones para que el capital fluya hacia actividades productivas puede producir resultados limitados. Un entorno caracterizado por estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, reglas previsibles, competencia y facilidades para emprender aumenta las posibilidades de que los recursos encuentren usos de mayor productividad.
Los resultados relativos al sector externo conducen a una reflexión similar. Las exportaciones netas por trabajador no presentan una asociación estadísticamente robusta con el producto por trabajador. Esto no implica que el comercio internacional sea irrelevante. Significa que reducir la inserción internacional al saldo entre exportaciones e importaciones resulta insuficiente. Una economía puede mantener un superávit sustentado en productos primarios y generar poco aprendizaje tecnológico, mientras otra puede importar maquinaria y tecnología para desarrollar posteriormente actividades exportadoras más sofisticadas. Lo fundamental no es únicamente cuánto se exporta, sino qué se exporta, qué se importa y cuánto conocimiento incorporan esas actividades.
La principal enseñanza para la política económica latinoamericana es que acumular factores productivos es necesario, pero no suficiente. El debate debería trascender preguntas exclusivamente cuantitativas sobre cuánto invertir, gastar, educar o exportar. La productividad exige preguntarse si la inversión se dirige hacia actividades de mayor valor, si las empresas encuentran incentivos para innovar, si el sistema educativo desarrolla las competencias requeridas, si existe suficiente competencia y si las instituciones ofrecen seguridad y previsibilidad para inversiones de largo plazo.
Una estrategia orientada al crecimiento debería combinar estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, competencia, apertura económica, inversión productiva, infraestructura, innovación y capital humano de calidad. Estos elementos son complementarios: el capital humano genera mayores resultados cuando existen empresas capaces de aprovecharlo; las empresas innovan cuando disponen de trabajadores capacitados y tecnología; y la inversión encuentra mejores oportunidades cuando existen instituciones confiables y reglas previsibles.
En definitiva, América Latina necesita avanzar de la acumulación hacia la productividad. La cuestión decisiva no es solamente cuánto capital físico o humano pueden acumular sus economías, sino qué instituciones, incentivos y estructuras productivas necesitan para convertir esos recursos en innovación, productividad y mejores niveles de vida. El desafío no consiste en escoger entre educación, inversión, comercio o tecnología, sino en construir las condiciones que permitan que todos estos factores se complementen y constituyan las bases de un crecimiento económico sostenido.
¿Por qué América Latina educa más, invierte más y, aun así, continúa teniendo dificultades para elevar sostenidamente su productividad? El problema no consiste solamente en acumular recursos, sino en crear instituciones y mercados capaces de convertirlos en crecimiento. Comparte este análisis de Ideas Antizurdos y participa en el debate: América Latina necesita discutir menos sobre cuánto gastar y mucho más sobre cómo generar productividad.


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