Dr. Armando José Urdaneta Montiel
En tiempos de crisis, la sociedad tiende a señalar al capitalismo como el causante de los colapsos económicos. Sin embargo, atribuirle esta culpa al mercado libre es una visión superficial que deja de lado la compleja dinámica entre el Estado y el sistema financiero. Lejos de vivir en un mercado puramente capitalista, la economía actual está profundamente marcada por la intervención estatal, especialmente a través de los bancos centrales. Esta relación de dependencia entre el sistema financiero y las políticas gubernamentales ha llevado a una serie de ciclos de auge y caída, que parecen no tener fin.
Capitalismo o intervencionismo: ¿Quién realmente dirige la economía?
A pesar de la percepción generalizada de que vivimos en un sistema de libre mercado, la realidad es que la intervención gubernamental tiene una influencia predominante en el funcionamiento de la economía. Los bancos centrales emiten moneda, fijan tasas de interés y rescatan a instituciones en problemas, ejerciendo un control que en muchos sentidos es más cercano al socialismo financiero que a un mercado libre. Estas decisiones distorsionan los incentivos y desencadenan ciclos económicos artificiales.
Un mercado libre genuino permitiría que el ahorro y la inversión estuvieran ligados de forma natural, de modo que el capital disponible se destinara a inversiones realmente rentables y sostenibles. Sin embargo, en el actual sistema de reserva fraccionaria, los bancos pueden prestar más dinero del que realmente poseen en reservas, creando así una expansión artificial del crédito que alimenta una economía dependiente de deuda, en vez de una basada en ahorro genuino. De esta forma, las políticas del Estado y de los bancos centrales contribuyen al ciclo económico que inevitablemente termina en recesión, cuando la realidad alcanza a las inversiones infladas y el sistema se ajusta de forma brusca y dolorosa.
Bancos centrales, expansión de crédito y el ciclo insostenible
Los bancos centrales modernos poseen una capacidad sin precedentes para influir sobre la economía mediante la emisión de dinero y el ajuste de tasas de interés. Cuando los bancos centrales reducen estas tasas, se incentiva una serie de proyectos de inversión bajo la falsa impresión de que existe ahorro disponible. En realidad, la reducción de tasas no responde a una acumulación genuina de ahorros, sino a una intervención artificial que fomenta un endeudamiento masivo y en muchos casos insostenible. Este fenómeno, conocido como expansión crediticia artificial, desvincula la inversión de la base de ahorro real, creando burbujas y ciclos de auge y caída que perjudican a la economía en su conjunto.
Desde la perspectiva de la Escuela Austriaca de Economía, el ciclo económico no es el resultado del libre mercado, sino de la manipulación monetaria que desvincula la inversión del ahorro genuino. En este sentido, el capitalismo no es el responsable de las crisis, sino el sistema centralizado de intervención estatal que crea las condiciones para una expansión desmedida del crédito y una falsa sensación de prosperidad. Lejos de evitar las crisis, este sistema las provoca y las exacerba, generando caos económico y sufrimiento para la población.
La inflación: un impuesto oculto y regresivo que afecta a los más vulnerables
La financiación del gasto público mediante la emisión de moneda resulta en inflación, una forma de "impuesto oculto" que erosiona el poder adquisitivo de la población, especialmente de quienes perciben ingresos fijos o bajos. Al aumentar la oferta de dinero sin un incremento proporcional en la producción de bienes y servicios, los precios suben y el poder de compra de los ciudadanos disminuye. Este "impuesto" afecta de manera desproporcionada a los sectores con menores ingresos, quienes no tienen acceso a mecanismos financieros que les permitan protegerse de la inflación.
A diferencia de los impuestos directos, la inflación es políticamente más aceptable, ya que sus efectos no son inmediatamente visibles y permite a los gobiernos financiar gastos sin que los votantes se percaten del costo real. Este fenómeno actúa como un mecanismo regresivo de redistribución, beneficiando a quienes están cerca de las fuentes de financiamiento (instituciones financieras y grandes corporaciones) y perjudicando a la clase trabajadora y a los ahorradores, quienes ven sus ingresos erosionados por el aumento de precios.
Burbujas y crisis recurrentes: la consecuencia de un sistema financiero basado en deuda
El sistema de manipulación del dinero y el crédito ha creado una economía global en la que las burbujas parecen inevitables. Las burbujas tecnológicas de los años 90, la crisis de las hipotecas en 2008 y otros fenómenos similares son claros ejemplos de cómo la economía se infla artificialmente debido al exceso de crédito sin respaldo. Cuando estas burbujas estallan, las pérdidas se extienden a quienes quedan atrapados en la caída de precios, lo que genera crisis financieras de gran impacto social. La facilidad con la que los bancos crean crédito, sin un respaldo genuino en ahorros, conduce a una economía frágil e inestable.
La práctica de los bancos comerciales y de inversión de recurrir al crédito a corto plazo para financiar proyectos a largo plazo está respaldada por el papel del banco central como prestamista de última instancia. Este respaldo implícito genera incentivos perversos para el endeudamiento excesivo y el riesgo financiero, ya que las instituciones saben que, en caso de crisis, contarán con el apoyo de los fondos públicos.
La trampa de la deuda: ¿una fiesta sin fin o un peligro inminente?
La dependencia de la economía moderna en el endeudamiento es una clara señal de un sistema defectuoso. Los gobiernos, incapaces de financiar su gasto únicamente mediante impuestos, recurren a la emisión de deuda pública que luego es adquirida por bancos comerciales, que a su vez reciben financiamiento del banco central. Este ciclo crea una trampa económica, en la que el crédito artificial inyecta dinero en la economía a corto plazo, pero a un costo que eventualmente recae en los ciudadanos comunes. Ya sea mediante impuestos o a través de la inflación, el precio de esta “fiesta” de crédito desmedido siempre lo pagan los ciudadanos, mientras las élites financieras se benefician.
Análisis crítico: la Regla de Taylor y la Curva de Phillips ampliada por expectativas
La Regla de Taylor y la Curva de Phillips ampliada por expectativas ofrecen marcos teóricos que permiten entender cómo la intervención monetaria desmedida contribuye a las crisis. La Regla de Taylor, por ejemplo, sugiere un ajuste de tasas de interés en función de la inflación y el PIB, para ofrecer una política monetaria más predecible. Sin embargo, los bancos centrales, como la Reserva Federal en Estados Unidos, han operado muchas veces al margen de esta regla, ajustando las tasas por motivos políticos o para estimular artificialmente la economía. Estos ajustes suelen fomentar el endeudamiento e inversión en proyectos que no serían sostenibles bajo tasas reales de interés, llevando al mercado a ciclos de auge y caída.
Por otro lado, la Curva de Phillips ampliada destaca cómo la manipulación de las tasas de interés, ignorando las expectativas de inflación de los agentes económicos, socava la confianza en la economía y afecta la estabilidad a largo plazo. Esta versión de la Curva de Phillips señala que las personas, al anticipar inflación, modifican su comportamiento, haciendo que los intentos del banco central de reducir el desempleo a través de la expansión monetaria solo generen inflación sin resolver el problema de fondo. Este fenómeno da lugar a una inflación crónica, que a su vez reduce el poder adquisitivo y socava la estabilidad económica.
Reflexión final: ¿Crisis del capitalismo o del sistema de intervención estatal?
La conclusión es clara: lejos de vivir en un sistema capitalista, estamos inmersos en un sistema de intervención estatal que impone un control férreo sobre el dinero y el crédito. Las crisis que presenciamos no son una falla del mercado libre, sino el resultado de una economía manipulada que desconecta las señales naturales de oferta y demanda. Tanto la Regla de Taylor como la Curva de Phillips ampliada muestran que la intervención desmedida y la creación de dinero sin respaldo generan ciclos de auge y caída que afectan desproporcionadamente a los sectores más vulnerables.
Es momento de cuestionar si necesitamos más intervención o si, por el contrario, deberíamos reducir el rol del Estado en la economía. Solo así podremos avanzar hacia un sistema económico estable y sustentado en la realidad, sin burbujas de crédito artificial y sin crisis que erosionen el bienestar de la sociedad.


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