Ideas anti zurdos, un espacio para defender la libertad.

martes, 29 de abril de 2025

Streaming Wars: Economía de la Competencia en el Entretenimiento

 


La Guerra del Streaming: Competencia, Audiencias y Economía del Entretenimiento

En la última década, el mercado del entretenimiento ha experimentado una transformación radical. Las grandes cadenas televisivas han cedido terreno frente a plataformas digitales como Netflix, Disney+, Amazon Prime Video, HBO Max y, más recientemente, Apple TV+ o Paramount+. Este cambio no es solo tecnológico; es fundamentalmente económico. La industria del streaming ha creado un nuevo campo de batalla donde las empresas compiten ferozmente por un recurso escaso y valiosísimo: la atención del espectador.

El streaming como mercado competitivo

Desde una perspectiva económica, el streaming representa un mercado en competencia monopolística. Aunque cada empresa ofrece productos diferenciados (contenido exclusivo, experiencias de usuario distintas, catálogos variados), todas compiten por el mismo público objetivo. La diferencia clave frente a un mercado perfectamente competitivo es la capacidad de cada plataforma de generar lealtad mediante marcas fuertes, contenido original y barreras de salida (como las suscripciones anuales o el miedo a perder series favoritas).

Lo que está en juego es más que simples suscriptores: se trata de participación de mercado, tiempo promedio de visualización y, sobre todo, datos del usuario. En el fondo, cada minuto que pasas viendo Netflix y no YouTube representa una victoria económica y estratégica para una empresa y una pérdida para otra.

Estrategias de competitividad

1. Producción de contenido original

Netflix marcó el camino con producciones como House of Cards y Stranger Things. Hoy, cada empresa de streaming invierte miles de millones de dólares anualmente en contenido propio. ¿Por qué? Porque el contenido exclusivo fideliza al usuario, disminuye la rotación (churn) y permite justificar precios más altos.

En términos de competencia, esto refleja una estrategia de diferenciación, donde cada firma intenta ofrecer un producto no sustituible fácilmente. Disney+ apuesta por la nostalgia y sus franquicias (Marvel, Star Wars), mientras Apple TV+ compite con calidad cinematográfica y actores de renombre.

2. Precios y planes variables

Al igual que en otros mercados, el precio sigue siendo una variable competitiva clave. Algunas plataformas optan por mantener precios bajos para atraer usuarios (como Prime Video, que se incluye en el servicio de Amazon Prime), mientras otras crean planes escalonados, incluyendo opciones con anuncios para usuarios más sensibles al precio.

Aquí se manifiesta una forma clásica de segmentación del mercado, donde cada nivel de ingreso o preferencia encuentra una opción que se ajusta a su disposición a pagar. En el fondo, se trata de maximizar los ingresos sin perder audiencia.

3. Expansión internacional

El crecimiento del mercado ha llevado a una verdadera carrera por la globalización. Plataformas que antes se centraban en el mercado estadounidense ahora compiten por mercados emergentes como India, América Latina o África. Esto exige adaptar el contenido localmente, doblar idiomas, y entender los patrones culturales de consumo.

Esta expansión responde a un principio básico de economía: cuando el mercado interno se satura, la única forma de seguir creciendo es capturar demanda externa. Y en muchos casos, los márgenes de ganancia son mayores en estos nuevos mercados.

4. Inversión en tecnología y experiencia de usuario

Una interfaz intuitiva, recomendaciones personalizadas mediante algoritmos, reproducción sin interrupciones: todo esto forma parte de la inversión en experiencia del consumidor. Las empresas saben que, aunque el contenido es clave, la comodidad y facilidad de acceso también son factores decisivos en la elección de una plataforma.

Este tipo de inversión genera ventajas competitivas dinámicas, difíciles de replicar de forma inmediata por los competidores.

¿Quién gana en este mercado?

Desde la teoría económica, en los mercados con alta competencia, los beneficios tienden a normalizarse. Sin embargo, en el mundo del streaming, existen rendimientos crecientes: mientras más usuarios tienes, más puedes invertir en contenido, y más difícil es para los nuevos jugadores entrar en la competencia. Este fenómeno se llama efecto de red y explica por qué plataformas como Netflix o Disney+ logran mantener posiciones dominantes.

Pero no todo es color de rosa. Las pérdidas acumuladas de algunas plataformas demuestran que, pese al crecimiento, la rentabilidad aún es un reto. Muchas compañías han adoptado una lógica de “crecimiento a toda costa”, con la esperanza de consolidar su posición antes de pensar en beneficios sostenidos.

Implicaciones económicas más amplias

El auge del streaming también ha alterado la estructura del trabajo en la industria audiovisual. Guionistas, actores y técnicos ahora negocian contratos diferentes, las regalías han cambiado, y la huelga de escritores de 2023 mostró que el nuevo modelo económico todavía tiene fricciones no resueltas.

Además, el streaming ha cambiado la forma de consumir: maratonear series, evitar anuncios, personalizar contenidos. Esto transforma los patrones culturales y la economía del tiempo libre, uno de los activos más codiciados del siglo XXI.

La industria del streaming es un campo fascinante para observar cómo opera la competencia en la economía contemporánea. Es una batalla de creatividad, datos, tecnología y estrategias comerciales. Las empresas luchan por una audiencia que cada vez tiene más opciones y menos paciencia. En este juego, la innovación, la adaptación y la eficiencia son las claves para sobrevivir.

Crees que es posible competir contra estas plataformas, qué elementos innovadores deben diseñar? Deja tus comentarios y comparte este blog

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sábado, 26 de abril de 2025

Gasolina subsidiada, Estado endeudado: ¿hasta cuándo pagaremos por el populismo?


Durante años, Ecuador ha preferido engañarse: creer que mantener la gasolina barata es sinónimo de justicia social. Sin embargo, cada galón subsidiado no es un acto de solidaridad, sino una pesada hipoteca sobre el futuro económico del país. Lo que parece un pequeño ahorro en el surtidor es, en realidad, un costo inmenso que pagamos cada uno de los ciudadanos, pero sobre todo los más pobres, a quienes se les niega un mejor acceso a salud, educación y seguridad.

Hoy, el Estado ecuatoriano subsidia cada galón de gasolina Extra con 13,7 centavos y de Ecopaís con 26,9 centavos (1). Aunque el esquema de bandas de precios intenta amortiguar este gasto, los subsidios siguen drenando recursos que podrían ser invertidos en sectores que generan verdadero progreso. Mientras tanto, se benefician principalmente los grupos de mayores ingresos, los mismos que consumen más combustible y que no necesitan este supuesto “apoyo”(2).

El Banco Central del Ecuador ha sido claro: el gasto en subsidios de combustibles no solo afecta las finanzas públicas, sino que perpetúa la inequidad social y frena la transición hacia una matriz energética más limpia (3). Persistir en esta política es como intentar tapar una hemorragia con una curita: momentáneamente se disimula el problema, pero se agrava la enfermedad estructural conforme se siguen financiando los subsidios.

Peor aún, estudios históricos revelan que entre 1989 y 2016 Ecuador gastó más de USD 40.000 millones en subsidios a combustibles (4). ¿El resultado? No fue una revolución educativa ni sanitaria, sino un sistema de transporte ineficiente, una economía débilmente competitiva y una matriz energética dependiente del petróleo. El supuesto beneficio social terminó siendo una ruina financiera que limita nuestra capacidad de crecer y mejorar.

El mito de la gasolina barata se cae cuando vemos los verdaderos números. Subsidios regresivos, contrabando de combustibles hacia países vecinos, corrupción, y un Estado incapaz de financiar adecuadamente su propia estructura básica. Mientras los países vecinos corrigen sus sistemas de precios, Ecuador sigue anclado a la política fácil, a la comodidad de no enfrentar el costo político de una reforma necesaria.

El liberalismo económico enseña una verdad dura pero indispensable: los recursos son escasos, y subsidiar el consumo irracional no es solidaridad, es irresponsabilidad. El dinero de los contribuyentes no debe financiar la gasolina del que puede pagarla, sino abrir escuelas, hospitales y oportunidades. Subsidios focalizados para el transporte público o ayudas directos para los más pobres, sí. Gasolina barata para todos, no.

Es hora de abandonar la ilusión de que la gasolina barata es un derecho. No lo es. Es un privilegio costoso que pagamos con pobreza estructural y atraso. El verdadero país que deberíamos construir no es el que ofrece gasolina barata, sino el que ofrece oportunidades reales de progreso.

Y para lograrlo, hay que tener el coraje de enfrentar la verdad que muchos prefieren callar.


Por: Econ. Luis Cedillo-Chalaco, MSc. 


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Fuentes:

(1) Primicias (14 de abril de 2025). Las gasolinas Extra y Ecopaís tendrán subsidio del Estado en abril de 2025. Disponible en: https://www.primicias.ec/economia/gasolinas-extra-ecopais-subsidio-estado-precios-93986/.

(2) Banco Central del Ecuador (2025). Nuevo esquema de precios y compensación a grupos vulnerables. Disponible en: https://www.bce.fin.ec/nuevo-esquema-de-precios-para-las-gasolinas-y-compensacion-a-grupos-vulnerables-un-paso-necesario-hacia-la-mejora-medioambiental-fiscal-y-social/

(3) Informe Técnico Presupuesto Prorrogado 2025 (MEF). Ministerio de Economía y Finanzas del Ecuador. Disponible en: https://www.finanzas.gob.ec/wp-content/uploads/downloads/2025/01/informe_t%E2%80%9Acnico_prorrogado_2025_vf.pdf

(4) Becerra, R. (2016). Cuantificación de los subsidios de derivados del petróleo en Ecuador. Boletín "Petróleo al Día", Volumen 4, p. 25-33. 

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viernes, 25 de abril de 2025

El populismo y la destrucción de la seguridad social en América Latina (qué hacer desde la libertad)

 

La seguridad social fue concebida como un pilar de bienestar para los trabajadores. Sin embargo, en buena parte de América Latina ha degenerado en un sistema ineficiente, politizado y financieramente insostenible. ¿El resultado? Pensiones bajas, falta de cobertura real y una juventud que desconfía del sistema. Detrás de este colapso hay una causa común: la gestión estatal sin control ni responsabilidad.

Argentina: más beneficiarios, menos aportes

Uno de los casos más ilustrativos es el de Argentina. En 2008, el gobierno eliminó el sistema de capitalización individual y estatizó los fondos de las AFJP (Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones). En 2014, con fines electorales, se amplió la cobertura del sistema previsional incorporando a más de 2 millones de nuevos jubilados, muchos de los cuales nunca habían aportado al sistema o lo habían hecho de forma mínima. Esto provocó un aumento desproporcionado del gasto previsional, deteriorando aún más las finanzas públicas. Hoy, el 90% de los jubilados en Argentina cobra la jubilación mínima, y el sistema sigue dependiendo de transferencias del Tesoro.

Ecuador y el uso político del IESS

En Ecuador, el IESS sufre un deterioro constante. El Estado ha utilizado los fondos de pensiones para financiar gasto público, sin la debida restitución. La deuda estatal con el IESS supera los USD 20 mil millones. Mientras tanto, los jubilados reciben pensiones que muchas veces no cubren ni el costo de la canasta básica. Los jóvenes cotizantes, por su parte, desconfían del sistema y temen no recibir nada a futuro.

Perú: ¿un sistema más libre?

En el caso peruano, se ha mantenido un modelo mixto donde coexisten el sistema público (ONP) y el privado (AFP). Quienes cotizan en las AFP tienen cuentas individuales y propiedad sobre sus fondos, aunque el sistema no está exento de críticas. Muchos trabajadores informales no cotizan, y algunos reclamos giran en torno a las comisiones o la libertad para retirar los fondos. Aun así, los rendimientos acumulados históricamente han sido superiores a los del sistema público, y hay una sensación mayor de autonomía entre los cotizantes.

¿Qué propone el liberalismo?

Desde una visión liberal, la solución no es más Estado, sino más libertad y responsabilidad individual. El modelo ideal debe basarse en:

  • Propiedad privada del fondo: que el ahorro previsional sea intocable por parte del Estado.

  • Capitalización individual: el trabajador aporta a su propia cuenta y la ve crecer.

  • Libre elección del administrador: que compitan en eficiencia y transparencia.

  • Protección subsidiaria: el Estado solo debe asistir a quienes realmente no puedan ahorrar.

El sistema chileno, en su forma original, encarnó esa propuesta y fue referente internacional por décadas. A pesar de los cuestionamientos recientes, los datos demostraron que permitió generar más recursos para los trabajadores que los sistemas de reparto.

El mundo vuelve a mirar la capitalización

Curiosamente, mientras en algunos países latinoamericanos se cuestionan los sistemas privados, en otras regiones del mundo se vuelve a discutir seriamente la capitalización individual. En Europa del Este, por ejemplo, países como Estonia, Letonia y Eslovaquia han reformado sus sistemas previsionales para dar mayor peso al ahorro individual. Incluso organismos multilaterales como el BID y el Banco Mundial han comenzado a sugerir sistemas híbridos que combinen capitalización y solidaridad, con énfasis en la sostenibilidad financiera y la autonomía del trabajador.

El fracaso de la seguridad social estatal en América Latina tiene responsables claros: el populismo previsional, la irresponsabilidad fiscal y la falta de visión a largo plazo. La solución no pasa por seguir ampliando beneficios sin respaldo financiero, sino por devolverle al trabajador el control sobre su futuro.

La libertad de elegir cómo y con quién ahorrar, la transparencia en la gestión y el respeto al esfuerzo individual deben ser los pilares de una nueva seguridad social. Porque solo desde la libertad nace un sistema realmente justo, sostenible y digno.

¿Vas a seguir dejando tu futuro en manos del Estado o prefieres tomar el control de tu pensión? Deja tu comentario y sigue este blog.
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jueves, 24 de abril de 2025

JOMO y Liberalismo: La Alegría de Ser Libre

 


En estos tiempos donde la hiperconectividad impone sus ritmos, y las redes sociales dictan qué es lo deseable, qué se debe sentir y qué no perderse, emerge entre los jóvenes una tendencia refrescante: el JOMO, o Joy of Missing Out (la alegría de perderse algo). Este fenómeno representa un giro cultural profundo, una reivindicación del espacio personal, del silencio elegido, y del bienestar basado en decisiones propias, no impuestas por la mayoría.

Lejos de ser un simple acto de desconexión digital, el JOMO es una expresión contemporánea de un ideal netamente liberal: la libertad de ser y decidir sin presión del entorno. Frente al FOMO (Fear of Missing Out), que nace del miedo a quedar excluido del bullicio social, el JOMO propone la soberanía del individuo sobre su tiempo, su atención y su bienestar emocional.

¿Qué es JOMO y por qué conecta con el pensamiento liberal?

El JOMO, como actitud, no busca renunciar al mundo, sino resignificarlo desde el individuo. Implica decir "no" a las imposiciones culturales de estar siempre presente, siempre activo, siempre entretenido. Es elegir leer un libro en vez de asistir a una fiesta que no motiva. Es apagar el teléfono para caminar solo por el parque. Es preferir pensar antes que reaccionar.

Desde la teoría liberal, esto se conecta con dos pilares:

  1. La libertad negativa (Isaiah Berlin): la ausencia de coacción. En el JOMO, el joven no huye de la sociedad, simplemente no se siente obligado a seguirla.

  2. La autodeterminación individual (John Stuart Mill): la posibilidad de definir el propio proyecto de vida. Si Mill defendía el derecho del individuo a ser excéntrico, siempre que no dañara a otros, el JOMO actualiza esa idea en clave digital.

Un acto de resistencia frente al colectivismo emocional

Vivimos una época donde la validación social es casi una moneda emocional. Las redes sociales han normalizado un sistema de “observación mutua constante”, como ya anticipaba Tocqueville al describir los peligros del igualitarismo y la presión del juicio público en las democracias modernas.

El JOMO aparece entonces como una forma de resistencia liberal frente a un nuevo tipo de tiranía: la tiranía del algoritmo, del “me gusta”, del trending topic. Quien practica JOMO decide que su vida no debe girar en torno a lo que los demás valoran, sino en lo que a él mismo le da sentido.

El individuo como centro, no como engranaje

Ejemplos no faltan. Pensemos en una estudiante universitaria que, tras años de ansiedad por no “perderse nada”, opta por dedicar sus fines de semana a pintar y meditar, ignorando las historias de Instagram. Su decisión no es pasiva: es un acto profundamente activo de libertad.

O en el joven emprendedor que, en lugar de seguir el tren de vida corporativo, decide mudarse a una comunidad rural, trabajar remotamente y vivir según sus propios ritmos. Estos actos, aunque aparentemente simples, en realidad implican una defensa de la libertad interior, la única que permite una existencia genuina.

Liberalismo emocional: una nueva frontera

El liberalismo, a menudo reducido a lo económico o político, tiene una dimensión existencial que no debe olvidarse: la libertad emocional. La posibilidad de sentir lo que uno elige sentir, de priorizar el descanso por sobre la productividad, de decidir qué me afecta y qué no.

En un mundo dominado por la emocionalidad masiva y el “deber ser” colectivo, el JOMO propone un camino de introspección. Es una llamada a reconectar con la soledad elegida, a reivindicar la privacidad como un derecho, y no como un lujo.

El JOMO como acto liberal

JOMO no es apatía, es criterio. No es aislamiento, es elección. Es la expresión moderna de un viejo anhelo liberal: vivir como uno elige, no como se espera. En un mundo que premia la hiperactividad social y penaliza el silencio, elegir perderse algo es, a veces, la mejor manera de encontrarse a uno mismo.

Por eso, si el liberalismo defiende la autonomía del individuo frente al Estado, frente al grupo, frente a las modas... entonces JOMO es una manifestación cultural coherente con esa filosofía: una alegría sencilla, pero profundamente liberadora.

¿Te has sentido alguna vez presionado por estar siempre “conectado”? ¿Te atreverías a practicar el JOMO como un acto de libertad personal?
Si estos temas te inspiran tanto como a nosotros, síguenos en el blog para seguir explorando cómo las ideas de la libertad individual pueden transformar tu vida cotidiana.
¿Estás listo para pensar diferente y vivir libre?

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lunes, 21 de abril de 2025

La Trampa de la Institucionalidad en América Latina


Autor: Dr. Armando José Urdaneta Montiel

América Latina, una región con un potencial económico vasto y recursos naturales abundantes, pero sigue estancada en un círculo vicioso de pobreza, corrupción y crisis económica. A pesar de los intentos por modernizar las economías y atraer inversión extranjera, las instituciones gubernamentales continúan fallando en proporcionar un entorno favorable para el desarrollo. La precariedad institucional, exacerbada por las políticas inflacionarias y las regulaciones excesivas, ha resultado en un freno constante al crecimiento económico. Países como Ecuador, Venezuela, Argentina y Guatemala se encuentran entre los ejemplos más representativos de este fenómeno, donde la intervención estatal y la falta de seguridad jurídica han disuadido a los inversionistas y agudizado las crisis internas.

Instituciones débiles, economías frágiles

La calidad institucional en América Latina ha sido consistentemente baja durante la última década. El Índice de Calidad Institucional (ICI) en sus distintos informes desde 2012 hasta 2023, ha revelado que las principales economías de la región, como Argentina, Venezuela y Ecuador, han sufrido un deterioro continuo en sus instituciones políticas y económicas. Estos países no solo se caracterizan por tener gobiernos centralizados y con altos niveles de corrupción, sino también por la falta de respeto al estado de derecho y los derechos de propiedad, factores claves para atraer inversión extranjera. Según el informe de calidad institucional de 2013, la falta de calidad institucional afecta negativamente no solo a la actividad económica interna, sino también a los flujos de inversión extranjera, especialmente en aquellos países con altos niveles de corrupción y control gubernamental.

Venezuela y Ecuador, bajo las políticas de la Revolución Bolivariana y la Revolución Ciudadana hasta el 2017 respectivamente, son casos emblemáticos de cómo las instituciones precarias y la inseguridad jurídica han frenado el interés de los inversionistas internacionales. Venezuela, que se ubicó entre los últimos puestos del índice durante varios años consecutivos, muestra un patrón constante de intervención estatal en la economía, expropiaciones y políticas erráticas que desincentivan el ingreso de capital extranjero.

Exceso de regulaciones y su impacto en la inversión

Uno de los mayores obstáculos para la inversión extranjera directa en América Latina es la maraña de regulaciones impuestas sobre la actividad económica. Países como Venezuela y Argentina han desarrollado políticas intervencionistas y populistas que distorsionan el mercado, generan inestabilidad y ahuyentan a los inversionistas. Las reformas estructurales se han visto limitadas por el deseo de los gobiernos de controlar sectores clave, imponiendo cargas fiscales exorbitantes y normativas que no solo dificultan la apertura de nuevas empresas, sino que también castigan a aquellas que desean expandirse o invertir en el país.

Argentina, bajo el kirchnerismo, adoptó medidas como la nacionalización de empresas y expropiaciones arbitrarias que crearon un clima de extrema incertidumbre. En 2012, el informe de calidad institucional menciona específicamente la expropiación de YPF a la española Repsol sin indemnización adecuada, un caso que resaltó la falta de respeto al derecho de propiedad y la seguridad jurídica. De manera similar, en Venezuela, la expropiación de activos privados y la violación sistemática de los derechos de propiedad no solo destruyó la confianza empresarial, sino que aceleró la fuga de capitales. Ecuador no es ajeno a este fenómeno. Durante la Revolución Ciudadana, la administración centralizó la economía y adoptó medidas que restringieron la libertad económica, lo que contribuyó al desplome de la inversión extranjera en sectores estratégicos.

Si bien Guatemala no implementó medidas tan extremas como las expropiaciones observadas en Argentina o Venezuela, las debilidades en su sistema judicial, la inseguridad y la falta de reformas estructurales claras en áreas clave, como la protección de los derechos de propiedad y el cumplimiento de contratos, generaron incertidumbre para los inversionistas extranjeros. El aumento de la deuda externa durante este período también sugiere que el país tuvo que recurrir al endeudamiento para compensar la falta de inversión privada.

La inflación y el limitado ahorro interno

A la falta de inversión extranjera directa se suma un problema interno: el escaso ahorro nacional. En economías frágiles como las de América Latina, la inflación se ha convertido en una constante que erosiona los ingresos y limita la capacidad de ahorro de las personas. Países como Argentina, Ecuador, Guatemala y Venezuela han incrementado su deuda externa de manera considerable entre 2004 y 2016, en parte para financiar déficits fiscales generados por políticas populistas y expansivas.

En Argentina, la deuda externa pasó de US$ 110 mil millones en 2004 a más de US$ 144 mil millones para 2014, luego de una década de políticas económicas erráticas que incluyeron expropiaciones y controles de capital. En Ecuador, bajo la Revolución Ciudadana se cuadruplicó, pasando de US$ 10 mil millones en 2007 a US$ 43 mil millones en 2016, principalmente debido a acuerdos financieros con China. Venezuela, en el marco de la Revolución Bolivariana su deuda externa se triplicó, alcanzando US$ 90 mil millones en 2016, exacerbada por acuerdos de deuda-petróleo con China y Rusia . Guatemala también aumentó su deuda externa, aunque de manera más pausada de US$ 4.8 mil millones a US$ 8.6 mil millones en este período.

Este creciente endeudamiento no solo limita las posibilidades de ahorro interno por el aumento y encarecimiento del servicio de la deuda, sino que también aumenta la dependencia de estos países de la inversión extranjera para impulsar el crecimiento económico, una inversión que sigue siendo esquiva debido a la inestabilidad política y la incertidumbre institucional.

Seguridad ciudadana y calidad de los servicios públicos: factores olvidados

Otro aspecto clave que desalienta la inversión extranjera es la falta de seguridad ciudadana y la baja calidad de los servicios públicos. América Latina, y en particular países como Venezuela y Guatemala, enfrenta altísimos niveles de criminalidad, lo que aumenta los costos para las empresas y las desincentiva de invertir en la región. El informe del índice de calidad institucional de 2015, destaca cómo la inseguridad ciudadana en Venezuela, Honduras y Guatemala sigue siendo un factor que afecta tanto la estabilidad interna como la confianza de los inversores.

Al mismo tiempo, la calidad de los servicios públicos es deficiente, lo que contribuye a un entorno poco atractivo para el establecimiento de negocios internacionales. En el caso de Ecuador, el informe menciona que la falta de inversión en infraestructura y la baja eficiencia de los servicios básicos se suman a la lista de barreras para la inversión extranjera.

Conclusión

La precaria institucionalidad en América Latina es una de las mayores barreras al desarrollo económico y a la atracción de inversión extranjera. Países como Ecuador, Venezuela, Argentina y Guatemala han caído en una trampa institucional, donde las regulaciones excesivas, la inestabilidad jurídica y la falta de seguridad y el cercenamiento a las libertades económicas, se han convertido en los principales frenos al crecimiento sostenible. Mientras estas naciones no logren fortalecer sus instituciones, reducir la corrupción y generar un entorno propicio para la actividad empresarial mediante una menor intervención estatal en la economía mediante una menor presión fiscal y la supresión de regulaciones, seguirán esperando por un capital extranjero que nunca llegará bajo estas condiciones, en la actualidad, prefiere mercados más estables y con reglas claras. La única vía de escape de esta trampa pasa por la mejora institucional, la adopción de políticas monetarias estables y la creación de un entorno económico que promueva la competencia y respete la libertad económica.


¿Crees que es posible romper el círculo vicioso de pobreza y corrupción en América Latina sin una reforma institucional profunda? Deja tu comentario y comparte este blog entre tus amigos.

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domingo, 20 de abril de 2025

Mario Vargas Llosa: el escritor liberal que se hizo eterno.

 

Cuando el Perú se debatía entre el caos económico y la confusión ideológica de la izquierda del APRA y del terrorismo, un novelista ya consagrado, Mario Vargas Llosa, tomó una decisión que marcaría su historia y la del liberalismo hispanoamericano.

Vargas Llosa no fue un liberal desde siempre. Como muchos jóvenes de su generación, simpatizó con la izquierda revolucionaria y defendió inicialmente la Revolución Cubana que en ese momento era el faro para muchos intelectuales, quién no era de izquierda recibía el escarnio público y el silencio casi inmediato de editoriales y medios de comunicación pro izquierda. Pero el desencanto fue rápido y profundo, Cuba era una mentira disfrazada con ropas finas. La censura, la represión y el autoritarismo lo llevaron a abandonar el marxismo y a abrazar el liberalismo clásico, vivir la mentira produjo ese desenlace. Los hechos fueron el mejor maestro para encontrar la verdad. Así lo narró él mismo en La llamada de la tribu (2018), una obra en la que repasa a sus mentores ideológicos: Adam Smith, Hayek, Popper, Berlin y otros gigantes de la libertad.

En los años noventa, cuando la mayoría callaba, Mario se volvió voz. Voz contra el populismo, el colectivismo y el nacionalismo autoritario. Fue candidato a la presidencia del Perú con un programa de economía abierta y Estado limitado. Aunque perdió las elecciones, muchas de sus propuestas fueron adoptadas posteriormente, incluso por su rival Alberto Fujimori (el chino), aunque sin el respeto institucional que él defendía.

No fue un liberal economicista, sino humanista. Defendía la propiedad privada y el mercado libre, pero también el Estado de Derecho, la cultura, la justicia independiente y la educación como vía para la emancipación individual. Algo que le terminó costando la crítica y el odio enfermizo entre escritores de línea roja.

En su vida, Vargas Llosa fue más que un autor galardonado. Fue mentor, promotor, y, para muchos un faro que evitaba encallar en las rocas del marxismo destructor de vidas. Fundó la Fundación Internacional para la Libertad, tejió redes, alentó vocaciones. Hizo sentir a muchos que defender la libertad no era locura, sino responsabilidad con los que menos tienen.

Queda su obra, su voz y su convicción: que el liberalismo es la mejor defensa contra los dogmas del poder. Que la libertad, aunque incomprendida, siempre vale la pena. Juan Ramón Jiménez (1881-1958) escribió: En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida. Ese bordado lo llevó a Vargas Llosa a escribir de manera inmortal su pensamiento sobre la libertad.

Comenta si has leído a Mario Vargas Llosa y qué aprendiste de sus libros.


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jueves, 17 de abril de 2025

El colapso del correísmo: Ecuador eligió libertad y futuro

 


Durante las últimas décadas, gran parte de América Latina fue escenario de la hegemonía de gobiernos de izquierda radical, cimentados en promesas populistas, discursos engañosos y manipulación emocional sistemática. Estos regímenes, lejos de promover la justicia social prometida, impusieron prácticas autoritarias, corrupción generalizada y coerción disfrazada de participación ciudadana. Sin embargo, parece haber llegado el momento en que este guion ya no convence a las sociedades latinoamericanas. En países como Argentina y Ecuador, las urnas están expresando claramente un rechazo contundente hacia este tipo de políticas.

En Ecuador, el mensaje del pueblo fue rotundo. La elección presidencial del 13 de abril de 2025 dio una clara victoria a Daniel Noboa, quien superó por aproximadamente un 11% a su rival, Luisa González, representante de la izquierda progresista vinculada al correísmo. Este resultado no fue producto del azar ni de campañas efímeras, sino una respuesta deliberada de los ciudadanos que optaron por romper con un pasado marcado por discursos polarizantes y corrupción política.

La campaña de Noboa estuvo enfocada en atender dos grandes preocupaciones nacionales: la inseguridad ciudadana y el narcoterrorismo. Presentó propuestas concretas para fortalecer las fuerzas de seguridad, recuperar territorios dominados por la delincuencia organizada y restaurar la paz social. Además, ofreció un plan económico orientado a ordenar las finanzas públicas, atraer inversiones, generar empleo y responder ágilmente ante situaciones de crisis, como evidenció durante las recientes inundaciones que afectaron al país.

En contraste, el correísmo sufrió una debacle política, resultado de múltiples errores estratégicos. Se mantuvo en una narrativa divisiva con propuestas controvertidas como los cuestionados "gestores de paz" y especulaciones sobre la desdolarización, que representaba un suicidio económico para Ecuador. Las filtraciones recientes de chats que revelaron prácticas corruptas y manejos poco transparentes profundizaron aún más la crisis interna de este movimiento.

Este colapso no solo fue evidente en las urnas presidenciales, sino también en la Asamblea Nacional, donde el correísmo perdió fuerza política al quedar reducido a 66 legisladores tras la salida de la asambleísta Mónica Salazar. La fractura de su discurso unificado del pasado simboliza la decadencia irreversible del modelo político representado por Rafael Correa.

Hoy, Ecuador avanza hacia una nueva etapa. Atrás quedan las promesas incumplidas y los liderazgos mesiánicos. La sociedad ecuatoriana mira hacia adelante con optimismo y exigencia, consciente de que la política debe servir como herramienta para construir una nación más libre y próspera. Este cambio podría también marcar un precedente para otros países como Colombia y Chile, cuyos gobernantes de izquierda enfrentan críticas crecientes por acciones cuestionables que podrían acelerar el fin del dominio ideológico de izquierda en la región.

Este fenómeno de declive no es exclusivo de Ecuador. En Colombia, el gobierno de Gustavo Petro enfrenta una marcada caída en su aprobación popular debido a controversias políticas internas y la ineficacia en la implementación de sus políticas. En Chile, el presidente Gabriel Boric experimenta un descenso similar en la popularidad, derivado de la insatisfacción social por su gestión económica y social. Asimismo, Argentina expresa un claro rechazo electoral hacia las políticas kirchneristas que siguen tratando de torpedear al gobierno liberal del presidente Javier Milei, y Brasil muestra señales claras de cambio con derrotas locales significativas para el Partido de los Trabajadores. Estos casos confirman que América Latina está en un proceso de transición política hacia opciones más pragmáticas y alejadas de las prácticas que caracterizaron a la izquierda radical en las últimas décadas. El tiempo dirá si esta transformación se consolida o queda en mera esperanza.


Por: Econ. Luis Cedillo-Chalaco, MSc.

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La Imputación de Menger a propósito del levantamiento del Cepo en Argentina

 


Cuando hablamos del valor económico de los bienes que consumimos diariamente, es frecuente pensar en términos de costos: cuánto cuesta producirlos, cuánto tiempo y esfuerzo se invirtió en ellos, y cuáles fueron los recursos utilizados. Sin embargo, Carl Menger, uno de los grandes economistas del siglo XIX y fundador de la Escuela Austriaca, nos ofrece una visión completamente distinta y revolucionaria sobre este tema.

En su teoría de la imputación, Menger explica que el valor de cualquier bien económico no está determinado por sus costos de producción, sino por la utilidad que los consumidores le atribuyen. En otras palabras, son las preferencias y decisiones del consumidor las que otorgan valor real a los productos y, por extensión, a los recursos utilizados para producirlos.

Para entender mejor esta idea, pensemos en un sencillo ejemplo cotidiano: una taza de café. El valor económico de esa taza no está dado únicamente por el café molido, el agua caliente o la mano de obra que la prepara. Su valor proviene del deseo del consumidor, quien aprecia esa taza porque satisface una necesidad o deseo específico, como mantenerse alerta, disfrutar de un momento de relajación o simplemente saborear una buena bebida.

Así, Menger argumenta que el valor fluye del bien final hacia atrás, hacia todos los factores que contribuyeron en su producción. Esto significa que los recursos empleados, como los granos de café, el trabajo del barista, la maquinaria utilizada e incluso el local donde se sirve el café, obtienen su valor derivado, no de forma intrínseca, sino a partir del valor asignado por los consumidores al producto final.

¿Por qué esto es importante? Porque cambia radicalmente la forma en que entendemos la economía y los procesos productivos. Tradicionalmente, economistas clásicos como Karl Marx sostenían que el valor provenía del trabajo invertido en la producción. Bajo este enfoque, los costos y el esfuerzo determinaban el precio. Pero la visión de Menger rompe con esta lógica, colocando al consumidor como el actor central del mercado.

Este enfoque de Menger ayuda a explicar fenómenos económicos muy comunes. Por ejemplo, ¿por qué algunas materias primas incrementan su valor considerablemente cuando se descubre un nuevo uso o aplicación tecnológica? Sencillamente porque los consumidores comienzan a valorarlas más, aumentando así la demanda y elevando su precio. Un recurso antes considerado poco valioso puede convertirse rápidamente en esencial debido a las nuevas necesidades y preferencias de las personas.

De esta manera, el principio de imputación nos permite entender también cómo funciona el mercado laboral. El salario de un trabajador no solo refleja el esfuerzo físico o mental, sino también la valoración que los consumidores otorgan al producto o servicio que dicho trabajador ayuda a crear. Un diseñador gráfico puede tener ingresos más altos si el mercado valora altamente sus creaciones, mientras que otro con iguales capacidades podría ganar menos si sus diseños no son considerados valiosos por los consumidores.

Menger nos enseña que comprender la economía es mucho más que observar costos y cifras; se trata de entender profundamente las preferencias humanas. Este enfoque no solo explica mejor la realidad económica cotidiana, sino que también proporciona herramientas útiles para los empresarios, quienes pueden anticiparse mejor a las demandas del mercado, y para los responsables políticos, quienes pueden desarrollar políticas económicas más alineadas con las verdaderas necesidades y deseos de la población.

La teoría de la imputación no es solo un concepto académico; es una realidad práctica y cotidiana. En definitiva, Carl Menger nos dejó un legado invaluable que redefine el papel central del consumidor y sus preferencias en la economía.

Deja tu comentario ante la pregunta: ¿Las empresas privadas consideran la imputación de Menger o ponen sus precios basados en costos?

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domingo, 13 de abril de 2025

Vecinos vigilantes: el rostro civil del autoritarismo socialista


Los regímenes autoritarios, especialmente aquellos de corte socialista y populista, han perfeccionado una herramienta de control social tan efectiva como perversa: la creación de grupos civiles armados o parapoliciales que operan al margen de la ley para sofocar la disidencia. Este sistema —que fusiona la intimidación vecinal con la violencia callejera— no es nuevo, pero ha cobrado fuerza en América Latina como parte del arsenal de regímenes que temen al pensamiento libre.

Cuba: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)

Establecidos en 1960, los CDR son el ejemplo más claro de una red de espionaje ciudadano institucionalizada. Su propósito declarado es “proteger los logros de la revolución”, pero en la práctica funcionan como órganos de delación, acoso y represión barrial. Cada cuadra tiene su célula, cada ciudadano crítico es monitoreado, y la sospecha se convierte en sentencia sin juicio. El precio de disentir en Cuba no lo impone un tribunal, lo ejecuta tu propio vecino y casi siempre termina siendo apresado el que intentar expresarse contra el hambre y el autoritarismo cubano del partido único.

Venezuela: colectivos motorizados y leales al chavismo

En el país de Bolívar, los colectivos motorizados son bandas armadas oficialistas que patrullan con total impunidad, atacando manifestaciones, hostigando a periodistas y sembrando terror en zonas opositoras. Durante las protestas de 2014 y 2017, se documentaron múltiples crímenes cometidos por estos grupos con el consentimiento —o complicidad— de las fuerzas armadas. Son el brazo callejero del poder, reparten miedo a cambio de impunidad.

Haití: los Tonton Macoutes, pioneros del terror civil

Bajo el régimen de François y luego de Jean-Claude Duvalier, los Tonton Macoutes fueron un cuerpo paramilitar creado para intimidar, torturar y asesinar opositores. Con atuendos negros y machetes al cinto, simbolizaban la muerte inminente para todo aquel que se atreviera a alzar la voz. Eran temidos por la población no solo por su brutalidad, sino porque respondían solo al dictador, no a ley alguna. Haití vivió bajo su sombra por décadas, y su huella aún persiste en la memoria colectiva.

Nicaragua: parapoliciales y juventudes sandinistas al acecho

Durante las revueltas de 2018 contra el régimen de Daniel Ortega, el mundo fue testigo del resurgimiento de una vieja táctica: usar civiles armados y encapuchados para reprimir la protesta social. Grupos parapoliciales, coordinados con la policía nacional, atacaron universidades, iglesias y barrios opositores. La Juventud Sandinista, con respaldo estatal, actúa como fuerza de choque en las calles, sembrando miedo e impunidad. Nicaragua se ha convertido en un laboratorio del totalitarismo moderno.

¿Qué tienen en común estos grupos?

  1. Impunidad total: No rinden cuentas a la justicia. Son “intocables”.

  2. Adiestramiento ideológico: Su lealtad es al líder, no al pueblo.

  3. Destrucción del tejido social: Siembra el miedo entre vecinos, amigos y familias.

  4. Legalización del terror: El Estado se lava las manos, mientras el terror civil hace el trabajo sucio.

¿Qué nos enseñan estos ejemplos?

Que el totalitarismo no necesita grandes ejércitos cuando logra que los ciudadanos se conviertan en verdugos de sus propios conciudadanos. Esta estrategia —vil, pero eficaz— destruye la libertad desde dentro, bloquea la protesta pacífica, y convierte la participación política en una sentencia de muerte civil (o literal).

Hoy más que nunca debemos rechazar estos modelos autoritarios que disfrazan su represión como “participación popular” o “defensa de la patria”. Los ciudadanos deben protegerse del Estado con la Constitución, no temerle.

¿Estamos dispuestos a vivir en una sociedad donde el que opina diferente puede ser denunciado, golpeado o asesinado por otro civil con respaldo del gobierno? Si la respuesta es no, entonces es momento de alzar la voz, defender nuestras libertades y no normalizar el miedo como método de gobierno. Sígueme y deja tu comentario.

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viernes, 11 de abril de 2025

Videos de economía

 

1. El sistema de precios explicado por Milton Friedman



2. Inflación



3. Cómo funciona el mercado









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¿Siguen siendo útiles los bloques comerciales como la UE, el Mercosur o la CAN?

 


Quiero reflexionar sobre este tema que es ignorado con frecuencia, pero que le cuesta a nuestros países un montón de dinero en la burocracia dorada. En un mundo cada vez más marcado por la competencia geopolítica, la producción especializada y la digitalización acelerada, vale la pena preguntarse si los bloques comerciales como la Unión Europea (UE), el Mercosur o incluso la Comunidad Andina de Naciones (CAN) siguen siendo herramientas eficaces para el desarrollo económico y la integración regional. La respuesta, aunque compleja, tiende a inclinarse hacia el sí, pero con importantes condiciones que valen analizar.

Ventajas que aún sostienen su vigencia

En teoría, la principal ventaja de un bloque comercial es su capacidad de negociación colectiva. Ningún país por sí solo puede enfrentar con éxito las presiones de gigantes como Estados Unidos o China en los últimos 20 años. La UE, con sus más de 400 millones de consumidores, actúa como una superpotencia comercial. Su estructura le permite negociar tratados ambiciosos, como el Acuerdo de Libre Comercio con Japón o el bloque del Mercosur (aunque aún pendiente de ratificación).

Otra ventaja significativa es la armonización normativa. La UE ha establecido estándares comunes en materia de seguridad alimentaria, protección ambiental, derechos laborales y propiedad intelectual, aunque muchos de ellos no bien recibidos por algunos países miembros. Esto reduce los costos de transacción y aumenta la competitividad, aunque persisten diferencias productivas entre ellos. En América Latina, el Mercosur ha avanzado en algunos aspectos, como el arancel externo común, pero sin alcanzar niveles similares de integración.

Además, los bloques supuestamente permiten respuestas coordinadas ante crisis globales. Durante la pandemia de COVID-19, la UE centralizó compras de vacunas, movilizó fondos conjuntos y buscó proteger su mercado interno. Estas acciones muestran que sirve una integración sólida y funcional, aunque ahora estamos sabiendo que las vacunas fueron un gran fraude que permitió una suerte de ingeniería social que nos confinó en las casas.

El caso latinoamericano: ¿bloques sin fuerza real?

Mientras la UE avanza con mecanismos de integración más profundos, América Latina sigue fragmentada y rezagada. El Mercosur enfrenta importantes desafíos estructurales. Las asimetrías entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay generan tensiones recurrentes. Uruguay ha planteado su derecho a negociar tratados de forma bilateral, lo que debilita la lógica integradora del bloque. A esto se suma la postura del presidente argentino Javier Milei, quien ha criticado abiertamente la lentitud y la ineficiencia del Mercosur, planteando incluso que Argentina debería replantearse su pertenencia si no se adapta a las exigencias del comercio internacional moderno.

Pero aún más llamativo es el caso de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), heredera del Pacto Andino, considerado el proceso de integración más antiguo de América Latina (fundado en 1969). A pesar de sus orígenes ambiciosos, hoy la CAN tiene poca funcionalidad práctica. Aunque subsiste como marco normativo y espacio de diálogo político, su impacto real en el comercio intra-regional es limitado. Las decisiones económicas clave se toman por separado y los países miembros han priorizado acuerdos bilaterales o relaciones con otros bloques, debilitando la razón de ser del organismo.

La CAN ha quedado reducida a un mecanismo declarativo, con pocos logros tangibles en los últimos años, lo que confirma que sin voluntad política y visión estratégica, la integración regional se convierte en un cascarón vacío que sirve para pagar a burócratas dorados.

Desafíos globales que ponen a prueba su utilidad

Hoy, los bloques comerciales enfrentan nuevos desafíos:

  1. El auge del proteccionismo: Las políticas arancelarias de Trump, el Brexit, y el desacoplamiento tecnológico entre EE.UU. y China ponen en jaque la idea de un comercio abierto y multilateral.

  2. La transición verde y digital: Requiere marcos normativos compartidos, inversión conjunta en infraestructura y políticas de innovación coordinadas según expertos.

  3. La fragmentación política interna: A Europa le cuesta mantenerse unida ante la arremetida de países que se niegan a acatar migrantes, políticas verdes contra agricultores y contra industrias de alto consumo de energía. América Latina sigue dividida ideológicamente, dificultando avances significativos en integración real o siempre a la espera que cambie el color del mapa político.

¿Sirven o no sirven?

Desde una perspectiva de economía liberal internacional, los bloques comerciales siguen siendo útiles, pero deben evolucionar. No basta con reducir aranceles: hace falta una visión estratégica compartida, voluntad política, y sobre todo, capacidad de adaptación al nuevo contexto global.

Mientras la UE intenta reforzar su rol global con una agenda verde, tecnológica y autónoma, el Mercosur se estanca por falta de acuerdos internos, y la CAN ha quedado relegada al olvido por su escasa incidencia. La integración regional, para ser efectiva, debe dejar atrás la retórica y asumir un papel más pragmático, competitivo y adaptado al siglo XXI.

Los bloques comerciales caminan a estar obsoletos, y ya no se consideran garantía de éxito. Su relevancia dependerá de su capacidad para dejar atrás los discursos vacíos y asumir una lógica más cooperativa, funcional y orientada al impacto real, algo que por lo pronto no parece alcanzable en países de corriente socialista.

¿Te pareció interesante este análisis?

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miércoles, 9 de abril de 2025

El precio del petróleo y el frágil equilibrio fiscal del Ecuador

 



Importancia del petróleo en el presupuesto ecuatoriano

El petróleo ha sido históricamente una fuente esencial de ingresos para Ecuador, representando una parte significativa de los recursos fiscales. Sin embargo, no se ha tomado en cuenta que la producción petrolera viene decayendo y enfrenta desafíos en su capacidad de exploración. La producción viene registrando una disminución que en el 2024 llega al 2%, con una producción promedio de 466.895 barriles diarios que incluye producción de empresas privadas y pública, la cifra más baja desde 2020 . Además, el crudo ecuatoriano se comercializa con un "castigo" en el mercado internacional, debido a su calidad y otros factores, lo que significa que se vende a precios inferiores al referencial WTI, con descuentos que oscilan entre $6 y $8 por barril, en otras palabras una reducción de producción solo golpea las finanzas públicas.​

Impacto de la caída en los precios del WTI

Recientemente, el precio del WTI ha experimentado una notable disminución, situándose en $55,76 por barril el 9 de abril de 2025, con incrementos muy por debajo de los $63,7 (ver gráfica) proyectados en el presupuesto nacional . Esta caída se atribuye, en parte, a las tensiones comerciales globales y a la imposición de aranceles entre las principales economías por parte del gobierno del presidente Donald Trump. Esta situación reduce los ingresos petroleros del país, ampliando el déficit fiscal y limitando la capacidad del gobierno para financiar programas y servicios públicos, por lo tanto, la dependencia al petróleo sigue golpeando la capacidad de gestión del gobierno de turno, sin que hasta ahora entiendan los ambientalistas o los grupos políticos de extrema izquierda que comparten bandera de protesta.

Ideologías de izquierda y el gasto público

Las corrientes de izquierda siguen promovido políticas de incremento del gasto público para estimular la economía y reducir desigualdades. Sin embargo, en un contexto de ingresos petroleros menguantes, mantener o aumentar el gasto sin fuentes de financiamiento sostenibles puede conducir a déficits fiscales insostenibles y al incremento de la deuda pública. Siguen creándose leyes que hacen que inercialmente suba el nivel de gastos con mucha indisciplina fiscal, nada hacen por entender que esas acciones solo destruyen la economía e hipotecan el futuro del país

Riesgos para la dolarización

La dolarización, implementada en Ecuador en el año 2000, ha proporcionado estabilidad económica y control de la inflación. No obstante, este sistema limita la capacidad del país para responder a shocks externos mediante políticas monetarias, ya que no puede emitir su propia moneda . La disminución de ingresos por exportaciones petroleras reduce la entrada de dólares al país, esenciales para mantener la liquidez en una economía dolarizada. Si esta tendencia persiste, se podrían generar presiones sobre el sistema financiero y comprometer la sostenibilidad de la dolarización. Por lo que aumentar la IED para exploración y explotación de nuevos campos es vital en un contexto de falta de recursos, no hacerlo, solo cultiva la posibilidad de un caos político y económico.

Conclusión

La reciente caída en los precios del petróleo presenta desafíos significativos para la economía ecuatoriana, especialmente en términos de financiamiento fiscal y estabilidad macroeconómica. Es imperativo que las autoridades implementen políticas fiscales prudentes, diversifiquen las fuentes de ingresos y promuevan sectores económicos alternativos al petróleo. Solo así es posible garantizar la sostenibilidad fiscal y preservar los logros alcanzados bajo el régimen de dolarización. No hacerlo, solo contribuirá a más diferimientos en la atracción de recursos para explotar la riqueza del subsuelo que es clave para el país.

¿Crees que Ecuador podrá mantener la dolarización si sigue cayendo el precio del petróleo? ¡Déjanos tu opinión y sigue el blog para más análisis económicos!

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lunes, 7 de abril de 2025

Universidad para todos: el espejismo costoso del populismo educativo


Pocas ideas han calado tan hondo y han hecho tanto daño como la consigna de que “la universidad debe ser para todos”. En apariencia es una propuesta inclusiva, progresista, casi irrefutable. Pero en la práctica, ha sido una de las apuestas más ineficientes y costosas para el Estado y la sociedad. Bajo el amparo de esta lógica, miles de jóvenes terminan en aulas universitarias no por vocación ni por mérito, sino porque el sistema (y la cultura que lo sostiene) les ha hecho creer que esa es la única vía legítima de movilidad social.

La realidad, sin embargo, es otra: según datos del NEC (2024), el 28% de los desempleados del país tienen título universitario. Un dato alarmante que revela no solo la desconexión entre la oferta académica y el mercado laboral, sino también la enorme inversión pública que se desperdicia formando profesionales que no responden a ninguna necesidad real del aparato productivo.

Mientras tanto, sectores clave de la economía (industria, servicios técnicos, logística, tecnología aplicada) padecen una escasez crónica de mano de obra calificada. ¿Por qué? Porque se ha despreciado la formación técnica en favor de una sobrevaloración del título universitario, como si todos tuvieran que ser ingenieros, abogados o comunicadores para tener valor social.

Desde una mirada liberal, esto no solo es un error económico: es una distorsión profunda de los incentivos. En lugar de fomentar libertad de elección, competencia, eficiencia y responsabilidad individual, se ha promovido una falsa igualdad que ignora las preferencias, las capacidades y las demandas del mercado. El resultado: un sistema que produce frustración, subempleo y gasto público improductivo.

La solución no está en cerrar las universidades, sino en redefinir su propósito: deben ser espacios de excelencia, meritocracia y vocación, no centros de distribución de títulos vacíos. Y el acceso debe estar orientado por criterios de desempeño, compromiso y potencial, no por cuotas políticas ni aspiraciones generalizadas que ignoran la realidad del empleo.

Al mismo tiempo, urge reivindicar la educación técnica y tecnológica como un camino válido, eficiente y muchas veces mejor remunerado. Preparar a las personas para satisfacer las demandas reales del mercado no es someterlas, es empoderarlas. Es permitir que el talento y la productividad florezcan donde hacen falta, y no donde los discursos ideológicos los quieren encerrar.

En una sociedad verdaderamente libre, no se impone un modelo único de éxito. Se abren caminos diversos, se respeta la elección individual y se reconoce que el conocimiento útil es aquel que resuelve problemas reales. Hoy más que nunca, necesitamos menos populismo educativo y más libertad para formar, trabajar y decidir con sentido.


Por: Econ. Luis Cedillo-Chalaco, MSc.

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domingo, 6 de abril de 2025

Venezuela: una advertencia educativa para Ecuador


Por Phantom


Durante las últimas décadas, la implementación de modelos políticos centralizados en América Latina ha tenido consecuencias profundas en las instituciones educativas. Uno de los casos más alarmantes es el de Venezuela, donde la subordinación de la universidad a los intereses del poder político derivó en el deterioro sistemático de la educación superior y en la pérdida de miles de profesionales formados, que se vieron forzados a migrar en busca de condiciones mínimas para ejercer su vocación.

Las universidades venezolanas, que alguna vez fueron espacios de excelencia académica y científica, han sido golpeadas por el desfinanciamiento, la erosión de su autonomía y la imposición de agendas ideológicas que redujeron el pensamiento crítico a mero adoctrinamiento. La consecuencia ha sido una fuga de cerebros sin precedentes: investigadores, médicos, ingenieros, docentes y artistas formados con recursos públicos han emigrado a otros países, muchos de ellos incluso acogidos por programas académicos en Ecuador.

Este dato no es menor. Numerosos académicos e investigadores venezolanos llegaron a Ecuador a través del programa Prometeo, una iniciativa que supo valorar su formación y trayectoria. No obstante, la paradoja se vuelve evidente cuando se recuerda que el líder de dicho programa, el expresidente Rafael Correa, ha manifestado públicamente su respaldo al régimen de Nicolás Maduro, a pesar de las múltiples denuncias internacionales por la falta de transparencia y legitimidad de los procesos electorales recientes en Venezuela. Más aún, Luisa González, actual candidata del correísmo, ha declarado abiertamente que reconoce a Maduro como presidente legítimo y que restablecería relaciones diplomáticas con su gobierno, a pesar del historial de violaciones a derechos fundamentales y de haber sido electo en un proceso ampliamente cuestionado por la comunidad internacional.

Ecuador no puede permitirse ignorar la advertencia que representa el caso venezolano. Copiar un modelo que ha generado el colapso de instituciones educativas, la pérdida de autonomía universitaria, la pauperización del pensamiento y el exilio del talento intelectual sería un error histórico. La educación superior no puede ni debe ser instrumentalizada por ningún proyecto político. La universidad es, por esencia, un espacio de libertad, de debate plural, de búsqueda rigurosa de la verdad, de formación crítica y de aporte al desarrollo nacional.

Las decisiones diplomáticas y los respaldos políticos deben estar en sintonía con los valores que queremos defender. Si se valora la ciencia, la investigación, el conocimiento y el desarrollo humano, entonces es inaceptable cerrar los ojos ante los regímenes que destruyen esos pilares. Ecuador está a tiempo de elegir otro camino: el que pone al talento, al pensamiento libre y a la educación de calidad como ejes de su futuro.

Porque sin universidades libres, no hay país posible.

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sábado, 5 de abril de 2025

El iceberg del socialismo: lo que no te cuentan de la “igualdad social”


Cuando escuchamos la palabra “socialismo”, muchas veces se asocia rápidamente con un ideal noble: igualdad social. La imagen que se proyecta es la de una sociedad donde todos tienen acceso a salud, educación, y oportunidades sin distinción, un paraíso en la Tierra. Pero, como sucede con un iceberg, lo que se ve en la superficie es solo una pequeña parte de la realidad.

Debajo de ese lema encantador se ocultan múltiples problemas sociales, políticos y económicos que, en muchos casos, han llevado a la miseria a países enteros. En esta entrada quiero explicarte, de forma sencilla y con ejemplos reales, por qué es importante mirar más allá del discurso.

1. Igualdad social: la promesa que atrae

Este es el gancho: se promete que todos tendrán lo mismo, que nadie será más rico que otro, y que el Estado cuidará de todos. Esto puede sonar atractivo, sobre todo cuando hay desigualdad, pero el problema está en cómo se intenta alcanzar esa igualdad. Lo cierto es que igualan a todos hacia abajo, y arriba quedan los dirigentes llenos de poder y dinero, mira las familias de los dirigentes socialistas cubanos, nicaragüenses, venezolanos, entre otros tantos.

2. Dictadores y represión

Para imponer un modelo donde el Estado controla todo, muchas veces se restringen libertades. Se censura la prensa, se persigue a la oposición y se crean regímenes autoritarios. Por ejemplo, en Venezuela, líderes opositores han sido encarcelados solo por expresar sus ideas, llenado cárceles como el Helicoide, ni que hablar de los presos políticos cubanos.

3. Miseria y escasez

Cuando el Estado asume el control absoluto de la economía (nacionalizando empresas, imponiendo controles de precios), muchas veces se pierde productividad. Esto genera escasez de alimentos y productos básicos. En Cuba, por ejemplo, conseguir leche o papel higiénico puede ser una tarea diaria de varias horas, que cansa a la oposición.

4. Gobernantes ricos, pueblos pobres

Una de las grandes contradicciones es que mientras se predica la igualdad, quienes gobiernan viven con lujos. Nicolás Maduro, por ejemplo, ha sido visto comiendo en restaurantes costosos en Turquía, mientras su pueblo hace largas filas por un pan, o los nietos de Fidel y Raúl Castro disfrutando de paseos en Europa y de hospedajes cinco estrellas.

La igualdad impuesta no siempre es justicia. Preguntémonos: ¿de qué sirve que todos seamos iguales si todos estamos igualmente mal? La verdadera justicia social no se logra eliminando la riqueza, sino creando oportunidades reales para que más personas accedan a ella, sin miedo, sin represión y con plena libertad.

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viernes, 4 de abril de 2025

La estrategia arancelaria de Trump: Una ruptura con la Teoría Tradicional del Comercio?

 


La política comercial impulsada por el presidente Donald Trump, especialmente la implementación de aranceles recíprocos hacia China y la Unión Europea (34% para productos americanos), constituye para muchos analistas económicos una ruptura significativa con las teorías tradicionales del comercio internacional. Históricamente, desde la teoría de la ventaja comparativa planteada por David Ricardo, los aranceles son vistos como obstáculos que distorsionan la especialización eficiente entre países, generando ineficiencias y pérdidas globales, y por lo tanto deben reducirse hasta su mínima expresión.

Sin embargo, la postura defendida por Trump, lejos de ignorar estos fundamentos, busca enfrentar desequilibrios estructurales en el comercio internacional, particularmente relacionados con la sobrevaloración persistente del dólar estadounidense. Según Stephen Miran, la constante demanda global de activos de reserva en dólares ha generado una situación conocida como el dilema de Triffin, donde Estados Unidos debe mantener déficits comerciales elevados para proveer suficientes activos financieros al mundo, afectando negativamente su sector manufacturero y sus empleos asociados.

Trump argumenta que estos aranceles recíprocos tienen una doble función: primero, equilibrar el terreno comercial frente a prácticas desleales de otros países, como subsidios encubiertos, robo de propiedad intelectual y manipulaciones cambiarias; y segundo, reducir la carga financiera de Estados Unidos al trasladar parte del costo económico de la provisión global de activos de reserva hacia otros países.

Contrario a lo que podría esperarse, la experiencia de la guerra comercial entre EE.UU. y China en 2018-2019 mostró que los aranceles implementados tuvieron consecuencias macroeconómicas mínimas, en gran medida debido a ajustes en las tasas de cambio. La depreciación del yuan, en respuesta a los aranceles impuestos, significó que, en términos reales, China terminó asumiendo buena parte del costo económico de estos aranceles, evidenciado en una reducción en el poder adquisitivo de los consumidores chinos.

Más allá del ámbito puramente económico, Trump vincula explícitamente la política comercial con la seguridad nacional. Este enfoque sugiere que, en un contexto geopolítico complejo, mantener una industria manufacturera robusta es indispensable para garantizar la independencia tecnológica y militar del país. Por ello, sectores estratégicos como la tecnología avanzada, la agricultura y la producción farmacéutica podrían beneficiarse considerablemente si estos aranceles llevan, paradójicamente, a una reducción generalizada de barreras comerciales en el largo plazo.

Aunque la teoría económica tradicional, representada por economistas como Paul Krugman, sostiene que estos aranceles limitan economías de escala y generan ineficiencias, la postura de Trump implica una apuesta estratégica de corto plazo que busca forzar una negociación global más justa y equitativa. El riesgo, no obstante, radica en la posibilidad de represalias comerciales y en la volatilidad potencial de los mercados financieros que acompañan las tensiones comerciales.

En definitiva, la estrategia arancelaria recíproca de Trump no debe interpretarse únicamente desde la óptica tradicional del comercio internacional, sino como una medida deliberada para redefinir el rol de Estados Unidos en el sistema global de comercio y finanzas. Aunque controvertida y ciertamente riesgosa, esta política busca corregir desequilibrios profundos y redefinir alianzas comerciales y estratégicas, apuntando a largo plazo hacia un sistema comercial internacional más equitativo y menos dependiente de desequilibrios estructurales.

¿Es esta política comercial la adecuada para enfrentar los retos actuales? ¿Qué efectos tendrá a largo plazo para la economía global? Sigue nuestro blog y participa en el debate.




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Este blog presenta algunas ideas económicas sobre el comportamiento nefasto que tienen las ideas del colectivismo socialista, progresista o wokista, sobre la vida de las personas y los perjuicios que ocasionan en los países que las aplican.

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